Cómo entrenar tu memoria
No existe cosa tal como una “mala” memoria. Solamente hay memorias no entrenadas. Entonces, ¿qué fortalece nuestra materia gris? Los expertos tienen mucho que decir al respecto.
La Dra. Alexandra Nicole Trelle, investigadora de la memoria en Stanford University, está a media explicación de por qué docenas de centros de investigación en Estados Unidos están intentando comprender las maneras más efectivas para prevenir los grandes problemas de la memoria. “También hay muchos estudios al respecto en Europa, así que el panorama es bastante…”, dice, dejando la frase incompleta. “¿Internacional?”, le digo. “Sí, es un esfuerzo internacional”, asegura.
La incapacidad de Trelle de recordar la palabra internacional es un lapso pequeño, no se compara con aquella vez que me quedé en blanco y no recordé el nombre de mi vecina cuando se la estaba presentando a un amigo. Pero la falibilidad y fragilidad de la memoria son las razones por las que muchas mentes increíbles están intentando encontrar maneras efectivas de proteger e incluso aumentar una de las funciones más vitales del cerebro.
Hay cosas estilo Black Mirror en desarrollo. Los neurocientíficos del Wake Forest Baptist Medical Center, por ejemplo, han logrado enviar pulsaciones eléctricas al centro de memoria del cerebro en humanos. Esto aumentó la capacidad de recordar de los participantes en un 37%. Un equipo del MIT mejoró la memoria de ratones al exponerlos a una combinación de luces intermitentes y sonidos rápidos. Algo aún más sorprendente es que investigadores del MIT y del French National Centre for Scientific Research lograron insertar memorias falsas en cerebros de ratones, un logro que comprueba la maleabilidad de la memoria. Además de hacer autos eléctricos, fabricar cohetes y pelearse con gente en X, Elon Musk está trabajando en interfaces computadora-cerebro que permitan a nuestras mentes fusionarse con bancos de memoria digital.
El frenesí científico parte en gran medida de un misterio que probablemente a ti también te preocupa: ¿Por qué tantos de nosotros que no tenemos un problema de memoria diagnosticable olvidamos el nombre de una película que vimos la semana pasada, o entramos a una habitación para hacer algo y luego nos quedamos parados sin poder recordar a qué fuimos?
Mi búsqueda de respuestas me llevó al laboratorio Stanford Memory Lab donde Trelle, quien ha estado estudiando el funcionamiento interno de la memoria, aceptó mostrarme el sitio. Esperaba encontrar un lugar de apariencia pulcra con docenas de máquinas produciendo sonidos de beep, o al menos uno o dos frascos con líquidos misteriosos. Pero el “laboratorio” es una habitación sencilla con un par de computadoras y una televisión, una sencillez que no refleja cuán significativa es la investigación que se está llevando a cabo aquí. A lo largo de la última década, cientos de sujetos de estudio han sido sometidos a horas de pruebas de memoria recostados en una máquina de resonancia magnética ubicada en una habitación adjunta, permitiendo a los científicos analizar sus cerebros.
“Pusimos la máquina de resonancia magnética con el fin de mejorar nuestra capacidad para medir qué sucede en el hipocampo, un área del cerebro que es crítica para la memoria”, explica Trelle, líder del estudio. “De hecho, podemos ver señales neuronales distintivas cuando la gente recuerda algo con éxito, a comparación de cuando olvidan”. Las pruebas de memoria son suficientemente sensibles como para detectar cambios sutiles en los recuerdos, algunos de los cuales se deben al adormecimiento gradual de la memoria con la edad. Otros pueden indicar algo más serio, como la acumulación de proteínas que provocan Alzheimer. Al ver los lapsos de memoria en acción y comparar el desempeño de la gente con el tiempo, Trelle y sus colegas esperan poder identificar las primeras señales de declive de la memoria y descubrir sus causas, además de claves sobre cómo prevenirlo.
Es desconcertante imaginar a los científicos analizando nuestro cerebro y viéndolo fallar. “¿Qué provoca esos lapsos?”, le pregunto a Trelle. “¿Por qué no puedo recordar el nombre del restaurante al que fui la semana pasada pero sí puedo recordar la mirada de mi amiga hace una década cuando me dijo que se iba a divorciar?”.
Es muy sencillo, dice. “Cuando no recuerdas, es porque no estabas poniendo atención. La memoria y la atención están intrínsecamente relacionadas”. Si pones poca atención a información nueva, ésta no se guarda profundamente en tu cerebro, así que es más probable que se olvide, como si fuera tierra en el suelo que vuela con el viento.
Eso es normal, por cierto. Le pasa a todos, desde los ejecutivos exitosos hasta los que ganan en Jeopardy! como James Holzhauer. Cuando se trata de la memoria, hay un rango muy amplio de lo que es normal, pero el punto en el que estás en el espectro puede mejorar. Los científicos como Trelle afirman, quizá exagerando un poco, que a menos que haya un problema real, no existe tal cosa como una “mala” memoria; simplemente hay memoria entrenada y no entrenada.
El reto: vivimos en un mundo con más distracciones que nunca, donde las notificaciones atraen continuamente nuestra atención (en serio, ¿cuándo fue la última vez que uno de nosotros realmente puso atención a algo?). De hecho, nuestra distracción cultural puede ser la razón principal por la que cada vez más de nosotros sentimos que nuestra memoria está fallando. Afortunadamente, los investigadores han empezado a exponer el costo de no poner atención, y tienen ideas de cómo mantener a nuestros cerebros funcionando adecuadamente.

Las pantallas te están haciendo olvidadizo
Una buena parte de la información más reveladora sobre aquello a lo que nos enfrentamos hoy en día proviene del Stanford Memory Lab, donde los investigadores han dedicado mucho tiempo a ver si y cómo la vida moderna, en especial hacer varias cosas a la vez en los medios digitales, está afectando nuestra memoria. “El cerebro humano está diseñado para enfocarse en una cosa a la vez”, explica el doctor Anthony Wagner, director del Memory Lab.
¿Crees que eres más eficiente haciendo varias cosas a la vez? Es como decir que eres bueno conduciendo ebrio. Claro, sientes como si fueras un maestro haciendo dos o más cosas a la vez. Pero tu atención es intermitente, cambiando de una cosa a la otra, y eso tiene consecuencias predecibles. Wagner y su equipo en Stanford descubrieron que quienes hacen muchas cosas simultáneamente en medios electrónicos tienen peores resultados en la memoria de trabajo, esto es como la libreta de notas temporales del cerebro en la que guardamos información sobre lo que estamos haciendo en determinado momento. Y eso puede tener efectos a largo plazo. Hacer muchas cosas a la vez también puede interferir con la capacidad de codificar y recordar cosas a largo plazo.
Revisar Instagram mientras ves la tele no es la única razón relacionada con la tecnología por la que tu conversación cada vez se ve más invadida por frases como “¿Cómo se llama ese actor?” y “esa película en la que sale Chris Hemsworth”. De hecho, hay una lista creciente de formas potenciales en que nuestras herramientas digitales favoritas pueden afectar nuestra memoria.
Por ejemplo, el simple hecho de saber que puedes buscar en Google la información que acabas de aprender hace que sea menos probable que la recuerdes. Tomar notas en la computadora en lugar de escribirlas a mano puede reducir tu capacidad de recordar el material. Y leer un texto solamente en pantallas, las cuales solemos repasar con la mirada y no meternos realmente en el texto, puede reducir tu capacidad de recordar lo que lees. Investigadores australianos podrían tener una solución: han desarrollado un tipo de letra que exige concentración adicional, llamada, apropiadamente, Sans Forgetica. Esta promueve de forma significativa la capacidad de recordar.
Incluso hay evidencia de que tomar fotos de tus experiencias nubla tus recuerdos de las mismas. Llámalo el “efecto selfie”. “Hay cada vez más evidencias de que cuando utilizamos tecnología al intentar experimentar algo, esto hace corto circuito en el proceso de codificación de la memoria y reduce nuestra capacidad de recordar la experiencia después”, asegura el doctor Jason Chein, director del Brain Research & Imaging Center de la Universidad Temple.
Carga tu memoria de forma adecuada
Incluso en nuestro mundo repleto de tecnología, la mayoría de nosotros tenemos el potencial de recordar mucho más de lo que realmente hacemos. Irónicamente, es en esto en lo que la tecnología sí puede ayudarnos. Por ejemplo, el Dr. Adam Gazzaley, profesor de neurología y psiquiatría en la University of California, San Francisco, y sus compañeros investigadores han creado y publicado investigaciones sobre MediTrain, un programa de meditación basado en una app diseñado para mejorar tu capacidad de regular tu atención y eliminar distracciones, tal y como lo ha hecho la meditación durante miles de años. Hasta que este programa esté disponible, también puede ayudarte meditar y jugar juegos de entrenamiento cerebral.
Finalmente, necesitamos adaptar nuestro uso de la tecnología a nuestro cerebro y no al revés. Eso quiere decir no sólo usar apps para incrementar nuestra concentración, sino hacer espacio para métodos no digitales que ayuden con lo mismo. “Puedes mejorar tu atención de 10 a 15 veces más”, explica el asesor de salud cerebral de Men’s Health, P. Murali Doraiswamy, director del Programa de Desórdenes Neurocognitivos de la Universidad Duke. Sus investigaciones muestran que aunque la memoria y la atención están en su máximo cuando tenemos veintitantos años, podemos mejorarlas, sin importar nuestra edad. “Después de 25 sesiones de entrenamiento cognitivo, las personas de 40 años pueden tener mejores resultados que chicos de 20 años sin entrenamiento, pero se requiere de esfuerzo”, admite. Por “esfuerzo” se refiere a hacer cosas como apagar los aparatos electrónicos para realmente poder escuchar, retar a tu intelecto y pasar horas inmerso en una sola actividad como leer un libro impreso. Sí, ya lo has escuchado antes, pero los expertos como el Dr. Doraiswamy aún lo repiten porque no hemos entendido el mensaje.
Entrenar tu atención es parte importante de la ecuación para recordar más. Si te sientas en una junta sin hacer el esfuerzo de retener lo que se dice, aproximadamente el 50% de lo que escuches desaparecerá en uno o dos días y 90% habrá desaparecido en un mes, advierte el Dr. Doraiswamy. Lo mismo aplica para libros, películas y conversaciones. Adiós. Para recordar algo, necesitas hacerle saber a tu cerebro que eso es importante. Toma notas después de juntas o cuando acabes un libro. Explícale a otras personas cosas interesantes que hayas aprendido a lo largo del día. Por lo menos, piensa bien la información después de escucharla. Al concentrarte en tantos detalles como puedas, es más probable que las partes que conforman la información se distribuyan en la red de memoria de tu mente, el equivalente cerebral de apretar el botón de “guardar”.
La codificación profunda de la memoria, es decir guardar información en tu mente para que puedas recordarla meses o años después, funciona más cuando relacionas la información con recuerdos preexistentes de forma significativa, comenta Trelle. Esto explica por qué los detalles del divorcio de mi amiga aún son tan vívidos y por qué casi todos recordamos lo que estábamos haciendo el 11 de septiembre de 2001.
Entonces, la próxima vez que te encuentres a alguien a quien quieras recordar, no sólo repitas su nombre, intenta encontrar algún interés que tengan en común. Establece una conexión. Al hacerlo, codificarás el nombre de manera más profunda en la red de recuerdos existente en tu cerebro, y se convertirá en parte de tu léxico personal. “En el mundo de la memoria, llamamos a esto procesamiento profundo, pero realmente sólo es sentir curiosidad e interés por personas, lugares o ideas nuevos”, explica Trelle.
Y sentir curiosidad e interés logra más que mejorar tu memoria. Te vuelve mejor en la vida.
Mi truco para promover la memoria
Alex Mullen, M.D. es tres veces ganador del Campeonato Mundial de la Memoria, un decatlón de habilidades cognitivas.
Una de las formas en las que intento mantener mi memoria en forma es memorizando el orden de un deck de cartas cada día. ¡No sería un buen competidor si no lo pudiera hacer!
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