El poder de la esperanza
Enfermedades, pérdidas y adversidades pueden cambiarlo todo. Estas historias muestran cómo la esperanza ayuda a seguir adelante.
A nadie le gusta pensar en cómo la vida puede dar un giro repentino: enfermedades, pérdidas. Pero incluso en los momentos más oscuros podemos conseguir cosas extraordinarias. Las siguientes personas tienen todo el derecho a estar enfadadas con la vida. En cabio, están aquí para explicar por qué no se debe perder la esperanza.
“Espera lo mejor y prepárate para lo peor”. Eso es lo que le dijeron los médicos a Matthew Collins. Había sufrido convulsiones durante varios meses hasta finales de 2023, que culminaron en un derrame cerebral en octubre. Dos semanas después de someterse a una craneotomía para hallar la posible causa, Matthew habló con su médico por videoconferenca. “Resultó ser lo peor”, cuenta. Le diagnosticaron un glioblastoma IDH, un tumor cerebral, no mutado. Durante la charla “se desconectó por completo”. Su atención se desvió de lo que decía el neurocirujano, sobre que su esperanza de vida se “acortaría drásticamente”, a pensamientos del tipo: ¿Cómo puede estar pasando esto? ¿Es real? Lloraba día y noche. “Entiendo cuál era su intención”, dice, refiriéndose al consejo que había recibido de esperar lo mejor. “Querían que no me estresara”. Pero cuando te comunican, a los 35 años, que tal vez te queden entre 12 y 18 meses de vida, “te aseguro que nada te prepara para lo peor”. No es agradable pensar que la vida puede cambiar drásticamente: una enfermedad terminal, una lesión grave o una pérdida repentina. Sin embargo, son muchas las personas que reciben estos duros golpes cada día. Algunas consiguen no solo salir de la cama por las mañanas, ir al trabajo y seguir adelante, a pesar de los inmensos desafíos físicos y psicológicos, sino también mostrar una increíble resiliencia, fortaleza e incluso positividad. El pasado mes de octubre, Chris Hoy, seis veces campeón olímpico de ciclismo, anunció públicamente que padecía un cáncer incurable. No había tenido “ningún síntoma, ninguna señal de alarma ni absolutamente nada”, contó a la BBC. Poco después de su diagnóstico, en septiembre de 2023, su esposa Sarra se enteró de que padecía esclerosis múltiple. Tienen dos hijos, de siete y diez años. A Hoy, de 48 años, le han dicho que le quedan entre dos y cuatro años de vida. Sin embargo, un mensaje de esperanza le ha sacado de esta pesadilla. En su nuevo libro, All That Matters, Hoy hace hincapié en el valor de la vida y en la importancia de apreciar el presente, incluso durante los momentos de adversidad. “Tengo el poder de elegir cómo afronto cada día”, escribe. “Es un compromiso que practico de forma consciente. Elijo llevar las riendas de mi vida y dirigir mi atención hacia lo bueno y hacia el momento presente”. Su perspectiva es un ejemplo del poder de una mentalidad positiva y de la posibilidad de mantener la esperanza incluso ante un futuro muy negro. Para Hoy, la esperanza no es un concepto difuso, sino una fuente de acción después de haber recibido un golpe. Y no es el único que ha encontrado fortaleza en la esperanza. Tras la muerte del renombrado neurocientífico Emile Bruneau en 2020, su amigo Jamil Zaki, catedrático de Psicología de la Universidad de Stanford, decidió estudiar la ciencia tras la esperanza. A pesar del diagnóstico de cáncer cerebral, Bruneau se había pasado la vida haciendo el bien y fomentando la esperanza. “Tenemos capacidad para atravesar la oscuridad y propagar la luz”, afirmó poco antes de su muerte. “Creo que la esperanza es una emoción mucho más fuerte y práctica de lo que la gente cree”, afirma el doctor Zaki. A diferencia del optimismo, que da por sentado que las cosas saldrán bien, la esperanza se centra en la idea de que, incluso en el peor de los momentos, “nuestras acciones pueden tener importancia”, afirma.

Lo mejor de lo peor
Matthew comprendió la importancia de mantener una mentalidad positiva tras su diagnóstico. Al principio estaba enfadado por el “trato lamentable” que había recibido por parte de los médicos: “El tumor podría haberse detectado meses antes si no se hubiera cancelado una resonancia magnética”, afirma. Después, un médico le aseguró que no había nada que pudiera hacer para mejorar su pronóstico. Sin embargo, este aparente fatalismo acabó motivándolo. “Pensaba que no tenía sentido darle vueltas si no podía cambiar lo que iba a suceder”, aclara. “Tenía que luchar por mantener una actitud positiva y aprovecharlo al máximo”. Leyó numerosas historias de supervivientes de cáncer e investigó algunas terapias complementarias. Quería empoderarse para adoptar un papel activo durante su proceso médico y no simplemente asumir un papel pasivo de paciente o víctima. Después de haber luchado contra la ansiedad y la depresión a los veinte y treinta años, “ya estaba harto de no tener el control de mi vida”, afirma. “Tienes que mantenerte firme. De lo contrario, solo escucharás al oncólogo decir que vas a morir”. El tratamiento fue brutal: se sometió a radioterapia, cirugía y seis meses de quimioterapia. A pesar de todo, intentó mantenerse positivo. “Tus pensamientos y la forma en que percibes el mundo impactan sobre ti”, afirma Matthew, señalando tanto las pruebas que apoyan el efecto placebo como los efectos adversos del estrés mental y emocional sobre la salud física. Además, la depresión y la ansiedad son entre dos y tres veces más frecuentes en los pacientes de cáncer que en la población general, según un estudio de 2011*. Una investigación de 2019*, que analizó la forma en que los pacientes de cáncer afrontaban la muerte, puso de relieve la gran importancia de la aceptación. Para combatir la inmensa carga que supone para su cuerpo y su mente, y asegurarse de que no piensa constantemente en el cáncer, Matthew ha empezado a meditar y cada noche recita en voz alta afirmaciones positivas antes de irse a dormir. En su última revisión, Matthew “trataba de meditar durante la resonancia magnética”. También ha experimentado con baños de sonido y autohipnosis. A Matthew le ha inspirado Sophie Sabbage, autora de La mujer que susurraba al cáncer, a quien diagnosticaron un cáncer de pulmón terminal en 2014 y le dijeron que le quedaban seis meses de vida. Murió en 2021, habiendo vivido lo que ella denominó “los años más creativos de su vida hasta el momento”. “Su mantra era: ‘Tengo cáncer. Él no me tiene a mí’”, cuenta Matthew. “Creo que esa es la actitud que hay que tener cuando te enfrentas a obstáculos aparentemente insuperables”.

Nathaniel Dye también es una prueba de lo que es posible. A los 36 años le diagnosticaron un cáncer de intestino incurable y le dijeron que tenía un 50% de probabilidades de sobrevivir 12 meses. Eso fue en septiembre de 2022. Desde entonces, ha corrido el Maratón de Londres (mientras tocaba el trombón), se ha enfrentado a más de 100 km del duro Ultra-Trail du Mont Blanc, y ha atravesado a pie toda Gran Bretaña, desde John O’Groats hasta Land’s End. “Quiero demostrar que es posible vivir una vida plena después de un diagnóstico así”, afirma Nathaniel. Su enfoque ha sido cuestionado, cuenta, “pero considero que lo más natural es pensar en lo mejor que puedes hacer”. Y puede ser distinto de un día para otro, añade. “Ha habido momentos en los que salir de casa, o simplemente salir de la cama, ha sido toda una lucha… He tenido dolores horribles durante semanas enteras”. Incluso en esos momentos, indica Nathaniel, ha intentado centrarse en lo que podía hacer. “Intento vivir acorde con lo que quiero. No entendía que alguien no tuviera esa actitud”. Antes del diagnóstico, Nathaniel era un corredor entusiasta de maratones y ultras, y volvió a correr tras su primer ciclo de quimio. “Sencillamente pensaba que no había razón para no volver a correr”.
Aunque los oncólogos puedan ser reacios a prescribir ejercicio físico a sus pacientes, cada vez hay más pruebas* de que puede mejorar la fatiga, la calidad de vida e incluso las probabilidades de supervivencia. Para Nathaniel, hacer lo que puede para proteger su forma física ha mejorado su perspectiva y su sensación de control. “Si cada esfuerzo ayuda a estar un poco más en forma, quizá por cada carrera pueda sobrevivir un día más”. Nathaniel no se lo cree cuando le dicen que resulta inspirador. “Simplemente soy así, unas veces positivo y otras no”. Siempre ha tendido a trabajar duro y a esforzarse para mejorar poco a poco. “Eso no ha cambiado”, a lo que añade: “Ahora ha cobrado incluso más importancia”.
Cuando en octubre Nathaniel al fin llegó a Land’s End, después de haber recorrido casi dos mil kilómetros en 60 días, “me sentía muy agradecido de que mi cuerpo me lo hubiera permitido”. También ha intentado ayudar recaudando fondos para organizaciones benéficas contra el cáncer. En el periodo previo a la votación en el Parlamento de Reino Unido sobre el proyecto de ley sobre muerte asistida, aprobado el pasado noviembre, Nathaniel hizo campaña a favor. “Por experiencia propia, conozco la diferencia entre vivir de verdad (y vaya si he vivido) y simplemente existir”, recalca.
Por ahora, la intención de Nathaniel es “estar presente cada día”. Pronto volverá a recibir radioterapia, “pero pase lo que pase, me adaptaré y haré lo que pueda”, asegura. Encuentra motivación en el recuerdo de su madre, Jill —que murió de cáncer de intestino en septiembre de 2019, tres años antes de que a él le diagnosticaran la misma enfermedad— y de su prometida, Holly, que falleció de cáncer en 2011, a los 25 años. A Nathaniel se le saltan las lágrimas cuando recuerda que Jill decidió someterse a una operación quirúrgica para prolongar su vida un par de semanas para poder ver a sus nietos una vez más. Holly estaba planeando su boda cuando murió. “Tenían esperanza”, reconoce Nathaniel emocionado. “¿Cómo no iban a ser mi ejemplo?”.

Crea tu propia suerte
El cáncer es uno de los peores y más comunes escenarios, pero no la única adversidad con la que nos podemos encontrar a lo largo de nuestra vida. Agresiones sexuales, accidentes, otras enfermedades, la pérdida de un trabajo, de tu seguridad… Por mucho que intentemos negarlo, el sufrimiento forma parte de la vida. Aun así, incluso en las circunstancias más desesperanzadoras, tenemos el poder de elegir cómo respondemos, afirma la psicoterapeuta Amy Morin. Su madre murió de un aneurisma cerebral a los 51 años; tres años después, su marido Lincoln murió de un ataque al corazón. Ambos habían gozado de una perfecta salud. A los 26 años, el mundo de Morin se puso “patas arriba”, reconoce.
Durante mucho tiempo, cualquier dificultad la reconocía como parte del patrón. “Me daba miedo qué sería lo siguiente. Tenía el corazón roto”. Morin tenía dificultades para comer y dormir. Un médico le diagnosticó trastorno por estrés agudo, que suele preceder al trastorno de estrés postraumático. Inmersa en el dolor, Morin comprendió la importancia de entregarse al proceso. “Era consciente de que tenía que pasarlo mal para después poder estar bien”. “Algunas personas caen en la negación de esas emociones dolorosas, o las minimizan pensando que podría ser peor. Pero como no se permiten sentir esas emociones, pueden agravar el sufrimiento”, afirma Morin. Ella distingue entre la tristeza, una emoción sana, y la autocompasión, que aviva la inacción. “La tristeza consiste en reconocer que no es la situación que desearíamos, pero es lo que toca y nos va a afectar. La autocompasión… hace que no tomemos cartas en el asunto”. Para sobrellevar esta situación, sacó fuerzas de aquellos amigos que estaban a su lado. Morin escribió sus sentimientos en un diario, leyó varios libros sobre el dolor y se relacionó con otras viudas jóvenes con las que se sentía identificada. “Conseguí ver la bondad en el mundo, a pesar de encontrarme en un lugar oscuro”, afirma. Morin empezó a “experimentar” maneras en las que reconstruir su vida. Decidió ser madre adoptiva y compró una moto. “La esperanza me impulsó: aunque no fuera a tener la vida que había planeado, todavía podía construirme una buena vida”. Al igual que el doctor Zaki, Morin señala que, a diferencia del optimismo, la esperanza es una actitud activa e incluso empoderadora: “Se trata de tener una actitud de vivir el día a día con energía, poder de decisión y con ganas”. Morin se ha vuelto a casar y vive en un velero en los Cayos de Florida. Muchas personas sugieren que se “merece” ser feliz después de todo lo que ha pasado, pero ella se niega a identificarse con esa buena suerte, al igual que no quiere identificarse con su pasado. “Puede socavar tu poder de actuación”, afirma. “Debemos ser conscientes de que habrá altibajos, a veces a causa de nuestro comportamiento y a veces no… Creo que eso es lo que nos convierte en personas más fuertes”.

Con 22 años, Pedro García se despertó muy confuso, “viendo cómo me alumbraba un señor con una linterna a los ojos. Al parecer había convulsionado, y después me había quedado dormido. No desperté hasta ver a ese médico y había pasado una hora”. Un año después, tras una crisis similar estando en Londres, le diagnosticaron epilepsia. Pero sus desdichas no acabaron ahí. En 2020, le confirmaron que un velo de la válvula aórtica no cerraba bien y eso suponía que dejaba entrar sangre al corazón cuando no debía, y que tenía que someterse a una intervención para que le implantaran una válvula de origen animal. Lejos de hundirse, Pedro se planteó enfrentarse a la adversidad con un reto: “Me centré en conseguir mi mejor versión, me centré en la salud. En ese momento vinieron una alimentación diferente, más ejercicio, mejores hábitos, adiós alcohol, azúcares y ultraprocesados… Una dieta alta en grasas de calidad y baja en carbohidratos, unida a un estilo de vida de mucho ejercicio y contacto con la naturaleza”. Y el resultado fue una transformación física asombrosa, con la que consiguió en un cuerpo 10. “El deporte y el físico en general (todo lo que sean buenos hábitos hacia tu cuerpo) es el primer escalón para lograr cualquier meta. Tiene mucha más importancia de la que han querido darle.
Si eres disciplinado con tu cuerpo empiezas a mandar sobre tu mente. La esperanza fue el motor que me llevó a transformar lo que parecía una debilidad en mi mayor fortaleza. Pero no fue una esperanza pasiva, sino una certeza activa de que mi historia podía servir para inspirar a otros. Ahí estuvo la clave: cuando mi meta dejó de ser solo mi recuperación y se convirtió en un propósito, la posibilidad de fallar desapareció.
Chris Moon, exoficial del ejército británico, también cree que es posible crear nuestra propia suerte incluso en las circunstancias más terribles. En 1995, mientras trabajaba para una organización benéfica retirando minas terrestres en Mozambique, voló por los aires. Moon perdió la parte inferior de la pierna derecha y posteriormente le amputaron la mano derecha. Ahora lleva prótesis. Él se sigue sintiendo “increíblemente afortunado” de estar vivo. “Debemos recordar que la vida es un regalo”, afirma. A sus 62 años, Moon ha corrido desde entonces docenas de maratones y ultras, batiendo récords y probando nuevas prótesis en terrenos extremos. Además, también da charlas motivacionales en las que comparte lo que ha aprendido de sus roces con la muerte para “ayudar a las personas a sacar lo mejor de sí mismas”. La clave para ello, añade Moon, es reconocer el poder de nuestros pensamientos para influir en nuestra experiencia: debemos interpretar esas experiencias y replantearlas de forma positiva”. Él mismo lo puso en práctica dos años antes de su amputación, cuando, junto con unos compañeros, cayó preso en Camboya de los Jemeres Rojos. Moon sabía que debía vencer su miedo para que los captores no tuvieran más poder sobre él. “Si cedes al miedo, te verán como una víctima: tú eres la presa y ellos los depredadores”. En su lugar, trató de entablar una buena relación con un comandante, que accedió a su liberación a cambio de entregarles sus vehículos. Después, los tres hombres caminaron 50 km a través de la selva hasta ponerse a salvo. Y un año después de volar por los aires, Moon corrió el Maratón de Londres, y comenzó a estudiar un máster, lo que reflejaba su compromiso de “sacarle todo el jugo a la vida”. “Nuestro tiempo es finito”, señala Moon. “Debemos ser conscientes de ello”. Aún en los momentos más oscuros, es posible encontrar una luz. Antes del diagnóstico, Matthew reconoce que de ninguna manera habría sido capaz de afrontar un cáncer terminal: “He descubierto la capacidad de resiliencia que podemos llegar a tener. Sé que no voy a cambiar la situación, pero puedo hacer todo lo que esté en mi mano”. Ahora está recaudando fondos para someterse a un tratamiento que prolongue su vida, y busca energía positiva, sea cual sea la forma que adopte. “Si pasas todo el tiempo luchando contra el cáncer o lo que sea, creerás que ese es el propósito de tu vida, y no es así”.

Cómo seguir adelante en los momentos más duros
Cuando tus peores miedos se hagan realidad, tendrás el poder de decidir cómo actuar.
Gestiona tu respuesta al estrés
La respuesta de lucha o huida deteriora el funcionamiento cognitivo. Al avivar tu ansiedad, tu capacidad para afrontar las situaciones se puede ver mermada, explica Chris Moon. “Aléjate de esa emoción y pregúntate: ¿Cómo puedo sacar lo mejor de esta situación?”.
Evita la negatividad, en ti mismo y en los demás
Algunas personas responden de forma negativa ante una mentalidad positiva, sugiere Moon. “Les resulta amenazador que superes una situación difícil porque quizá no se sientan capaces de hacerlo… Así que asegúrate de permanecer siempre en la luz”.
Encuentra tus razones de ser
Conectar con tus valores y tus metas puede ser tu “combustible psicológico” para atravesar los momentos difíciles, sugiere Moon. Él sacó fuerzas de su propósito mientras trabajaba retirando minas terrestres. “No quería morir porque me centraba en mis razones para vivir”.
Cultiva una mentalidad de principiante
Cuando estaba volviendo a aprender a caminar tras haber perdido la pierna, Moon tuvo fe en que ya lo consiguió una vez. “¿Cómo aprendemos a caminar de niños? Cayéndonos. Debemos mantener una mentalidad que nos impulse a seguir adelante”.
Practica la gratitud y da algo a cambio
Habiendo estado cerca de la muerte, Moon sigue siendo consciente de todo lo que tiene que agradecer, incluida la propia vida. “Si piensas así, te sientes mejor”, asegura. Estar al servicio de los demás también es útil, ya que dejamos de pensar en nosotros mismos.
Recarga tu energía psicológica como puedas
”Todos tenemos una cantidad limitada de combustible psicológico en el tanque, así que asegúrate de recargarlo y mantenerlo siempre a tope”, indica Moon. Un buen modo es intentar empezar el día haciendo siempre algo que te siente bien.
ACTUALIZACIÓN:Previo a la publicación de este artículo, desafortunadamente recibimos noticias de la muerte de Matthew Collins y Nathaniel Dye. El equipo editorial de MH decidió compartir sus historias de cualquier forma como una manera de celebrar sus vidas y agradecer las lecciones que nos dejaron.
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