El desafío de levantar piedras legendarias en Escocia
La antigua tradición de levantar piedras pesadas está experimentando un renacimiento. Nuestro director de fitness se propuso investigar por qué.
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He pasado casi dos décadas de mi vida enfocado en aprender cada vez más sobre el entrenamiento de fuerza. Pero, a fin de cuentas, se resume en esto: levantar algo pesado y bajarlo de nuevo.
Esto antecede por mucho la aparición de las mancuernas. El acto de cargar piedras como una muestra de capacidad física puede rastrearse hasta la antigua Grecia. Un ejemplo es una piedra de 143 kg que fue encontrada en Olimpia. Data del siglo VI a.C. y está marcada con las palabras “Bybon, hijo de Phola, me levantó sobre la cabeza con una mano”. Impresionante.
El levantamiento de piedras tradicional tiene una rica historia, con ejemplares ubicados en Islandia, Alemania, varios rincones de Asia y las islas británicas.
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Quizá sea una reacción ante los gimnasios cada vez más tecnológicos, pero recientemente ha habido un resurgimiento en el interés por esta práctica. La cuenta de Instagram @travel_liftstones_repeat, manejada por el norteamericano “Big Jon”, quien documenta sus intentos por levantar piedras famosas alrededor del mundo, tiene casi 100 mil seguidores. El entrenador y YouTuber Fergus Crawley ha conseguido levantar múltiples piedras en su natal Escocia y esta dimámica parece agradarle a sus seguidores. Por supuesto, el levantamiento de piedras siempre ha sido una parte importante del deporte de Strongman.
Como un entusiasta amateur en el mundo de los deportes de fuerza, me dieron la tarea de investigar esta tendencia, para lo cual fue necesario un viaje a las Highlands en Escocia, donde se encuentran muchas de las piedras más célebres. Armados con un mapa, cortesía de liftingstones.org, y mucha magnesia, mis hermanos y yo nos montamos en un Ineos Grenadier, el vehículo perfecto para navegar todo tipo de terrenos, y nos dispusimos a hacerlo. El objetivo final: cargar los 332 kg combinados de dos de las piedras más icónicas del mundo, las “Dinnie Stones”.
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Parte 1: Las Sheriffmuir Stones
El primer conjunto de piedras que hallamos se encontraba en una llanura cubierta de hierba a las afueras de Dunblane. Las Sheriffmuir son seis piedras, colocadas junto a una conocida como la “Wallace Plinth”, una especie de base. Esta última marca el sitio donde acampaba el ejército de William Wallace previo a su triunfo ante los ingleses en la batalla de Stirling Bridge. El objetivo es apilar las piedras (55 kg, 73 kg, 95 kg, 120 kg, 130 kg y 163 kg) encima del “plinth”. Esto nos pareció un buen calentamiento y una forma adecuada de ajustar nuestras expectativas.
Comenzamos con las piedras más ligeras, llevándolas hasta el regazo antes de abrazarlas y hacerlas rodar hacia arriba hasta los hombros. Conforme crecieron las piedras, el objetivo pasó a ser llevarlas hasta la altura del pecho o la cadera.
Cuando llegamos a la más pesada, no tuvimos suerte. Hasta ahí llegó nuestro poder, así que nos turnamos para apilar el resto sobre la base.
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Parte 2: La silla sobre la yegua en Sma’ Glen
A continuación, nos dirigimos hacia el norte a las colinas de Sma’ Glen. Esto requirió algo de conducción fuera del camino, de manera que el Grenadier tuvo la oportunidad de demostrar sus capacidades, cruzando un pequeño arroyo y superando una serie de árboles caídos. La piedra o “silla” pesa alrededor de 100 kg y se encuentra al pie de una roca conocida como “la yegua” (mare, en inglés).
El reto es ensillar a la yegua, colocando la piedra sobre la roca. Eso significa que debes levantarla hasta la altura del pecho, luego, inclinarte hacia el frente para ponerla entre tu cuerpo y la roca y empujarla desde esa posición. Si pierdes la tensión durante un momento, la piedra caerá hacia tus pies. Esto recuerda a Sísifo.
Después de 30 minutos de esfuerzo, mi hermano, que es varios centímetros más alto que yo, completó el reto. Fue muy duro intentar hacer pequeños ajustes al agarre con las manos dado que la piedra tiene bordes rasposos, producto de haber sido tallada contra la roca durante siglos. Para cuando nos marchamos de Sma’ Glen, estábamos sangrando y cubiertos de moretones. Conseguí levantar la silla, pero no fui capaz de colocársela a la yegua.
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Parte 3: La Dalwhinnie Stone
Nuestra siguiente parada fue Dalwhinnie, en el camino entre Perth e Inverness. Se dice que esta piedra, la cual se encuentra junto a un pequeño hotel de paso, se usaba para competencias de fuerza cuando aún no había autos y los viajeros frecuentaban el área. La Dalwhinnie Stone pesa alrededor de 102 kg, pero es perfectamente lisa, de manera que es mucho más accesible que la “silla”. Pasamos una hora jugando con ella, intentando elevarla hasta el pecho y luego a los hombros.
Un artículo publicado en un periódico de 1912 relata cómo un atleta de los Highland Games cargó la piedra, la metió al hotel, la colocó sobre la barra y pidió una cerveza como premio. Las historias como esta abundan en el mundo del levantamiento de piedras. Lamento informar que cuando entramos para comer haggis con papas, dejamos la piedra afuera.
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Parte 4: la gran piedra de la cueva
Alcanzamos el punto más al norte de nuestra ruta conforme caía la noche. Esto era un problema: la piedra final del día se encuentra en la costa, un una bahía que conduce al mar del Norte, y el mejor momento para acceder aquí es durante la marea baja. Decidimos llegar hasta la parte más alta, por encima de donde está la piedra y utilizar el cabrestante del Grenadier para bajar haciendo rapel, pero no había forma de acercarse lo suficiente al borde. Descendimos de nuevo al nivel del mar y corrimos por la playa para llegar. Cuando alcanzamos la cueva, el sol se escondía detrás del horizonte.
La piedra en cuestión, grande y de color negro, pesa alrededor de 122 kg. Se le menciona en un libro del siglo XIX, obra del escritor escocés Hugh Miller, quien afirma que le habría gustado encontrarse con el profesor que lo golpeaba cuando era niño “una vez que me volví suficientemente fuerte para levantar la ‘Great Stone of the Dripping Cave’”.
Pasamos tanto tiempo como pudimos probando con diferentes técnicas hasta que logramos un levantamiento que nos dejó satisfechos. El agua ya casi nos llegaba a los pies así que volvimos a la camioneta. Aún nos faltaba conducir hasta Loch Ness, donde acamparíamos.
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Parte 5: Las “Dinnie Stones”
Al amanecer, nos dirigimos al este, a través de las Highlands para la última parada en nuestro recorrido, la que me hacía sentir más nervioso. El proceso de conquistar las Dinnie Stones comienza mucho antes de que llegues a las dos rocas que descansan afuera del Old Potarch Hotel en Aberdeenshire. No puedes levantar estas piedras, cada una de las cuales tiene un agarre de hierro en la parte superior, sin permiso. Para obtener esta autorización, debes demostrar tu capacidad, enviando un video donde levantes 300 kg o más sin straps o cintas de agarre. Mandamos nuestros videos, pero eso había sido el límite de mi capacidad.
Los anillos de hierro fueron añadidos a las piedras en los años 1800, de manera que pudieran usarse como contrapeso durante el trabajo de mantenimiento de un puente cercano, el Potarch Bridge. Cada piedra tendría que ser manipulada por dos hombres por lo menos. Sin embargo, cuando a Donald Dinnie su padre le pidió que se las llevara, levantó las dos (144 y 188 kg) y las llevó a lo largo del puente. Cada año se celebra un festival en honor a Dinnie y su silueta aparece en las latas de una bebida llamada Irn-Bru.
“Debes demostrar que estás preparado cargando 300 kg sin straps”.
Nos recibió el levantador veterano Brett Nichol, así como Jim y Rosemary Splaine. Jim ha levantado las piedras desde 1973 y ahora él y Rosemary fungen como custodios de las mismas. Me conmueve su compromiso para mantener viva esta tradición.
Sólo tienes tres intentos para “poner viento” debajo de las piedras (levantarlas del suelo), y dado que hay una gran variedad de técnicas que podrías usar, esto genera mucha presión. Sujeto los agarres lo mejor que puedo y empujo el suelo con toda mi fuerza. Dado que no son perfectamente planas, las piedras se elevan de ciertas partes, pero no en su totalidad. La de 144 kg en mi mano izquierda sí deja el piso, pero la otra se tambalea. No cuenta como un levantamiento exitoso.
Mientras descanso, mi hermano lo logra. Lo intento de nuevo, pero ahora con un ángulo distinto. Se siente mejor, pero mientras la piedra grande abandona el suelo, siento gran tensión en la clavícula, seguida de un crujido y mucho dolor en la parte superior de mi pectoral. Suelto las piedras y me siento en una banca.
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Lesionado y con sólo un intento más, decido probar con straps. Tras unos cuantos consejos de Brett, consigo elevar ambas. Mientras me encuentro erguido, con el viento debajo de las piedras, lamento por un momento haber usado straps, pero ese arrepentimiento es interrumpido por un terrible dolor en el cuello. Estoy en el suelo y Jim y Rosemary se acercan para estrechar mi mano. Vuelvo a ver esta parte del video con frecuencia y me sigue sorprendiendo la reverencia que siente esta pareja por el linaje de las piedras. En el fondo se escucha a Brett decir “Buen levantamiento, ¿pero a qué costo?”. Es una gran pregunta.
Muchos gimnasios alrededor del mundo se han convertido en sitios imperdibles para quienes realizan fisiculturismo. Hay algo genial sobre saber que estás entrenando en el sitio donde Arnold construyó su pecho o Dorian Yates sus dorsales. Pero levantar una piedra icónica y antiquísima que posee una rica historia es algo distinto. Nunca he comprado la idea de las pruebas para determinar el valor de un hombre. El mundo es distinto ahora y no le asignamos valor a las personas con base en su capacidad de cargar cosas pesadas, pero hay algo genial que viene de saber que para poder volverme parte de esta historia, tuve que ganarme el derecho. Es tentador decir que estas tradiciones son simplemente manifestaciones de orgullo masculino. Pero en una era donde la mayoría de las pruebas que te imponía la vida eran de carácter físico, es lógico que diferentes pueblos buscaran retos que les garantizaran contar con cierto nivel de preparación. Hay un espíritu de generosidad y diligencia en esta tradición. Nuestros ancestros sabían que la vida nos pondría a prueba, así que era importante estar listos para enfrentarla. En la era de los planes de entrenamiento diseñados por la IA y los gimnasios con aire acondicionado, levantar piedras es una forma cruda y real de lidiar con los rigores que impone el mundo. Eso nos gusta.
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