La ludificación de la salud: Oura Ring 4 a prueba
A lo largo del tiempo, me he rehusado a utilizar un monitor de actividad. Eso cambió recientemente. Probé por 30 días con el Oura Ring 4 y esto fue lo que aprendí.
Decir que soy un viejo sería una exageración. Pero lo cierto es que habiendo nacido en 1990 tampoco soy exactamente un joven. Esto me lo recuerdan las redes todos los días y lo pienso cuando voy a un gimnasio o participo en una carrera. La industria del fitness y el wellness está dominada por personas que nacieron en este siglo o poco antes, individuos pertenecientes a la Generación Z (1997 a 2012). Para ellos, un mundo sin gadgets es inconcebible. Su uso es una parte esencial de la práctica deportiva y el autocuidado. Con eso me refiero a los teléfonos móviles, pero también a los smartwatches y monitores de actividad.
Por supuesto, soy capaz de comprender los beneficios que esto trae y he tomado ventaja de ellos. Corro con un Apple Watch Ultra 3 que me dice el ritmo que llevo, la distancia y el ritmo cardiaco. Todo eso es muy útil en el contexto de un maratón, por ejemplo. Pero también recuerdo que cuando empecé a practicar deporte, estas tecnologías no existían y no por eso disfrutaba menos mis sesiones y competencias. ¿A qué ritmo corría? No lo sé. ¿Cuál era mi frecuencia cardiaca? No tengo idea. ¿Qué tan elevado era mi estrés en el día a día? ¿Cuántas horas dormía en promedio? ¿Qué tan bien me recuperaba? Es un misterio.

Sé que el smartwatch es capaz de brindarme muchas métricas más allá de la práctica deportiva, pero la realidad es que lo uso únicamente cuando corro. Una vez que termino y me baño, lo reemplazo por un reloj automático que no me informa otra cosa que la hora y la fecha (quizá sí soy viejo después de todo). Durante mucho tiempo, mi esposa me insistió para que durmiera con el reloj inteligente, de manera que ella pudiera comparar sus métricas de sueño con las mías. La verdad es que nunca me convenció. El punto de acostarse en la noche es relajarse por completo y no podía hacerlo con un reloj sujeto a mi muñeca.
Es en ese contexto que decidí probar con un dispositivo diseñado para acompañar al usuario día y noche sin limitar sus movimientos o hacerlo sentir incómodo. De hecho, la idea es que uno olvide que lo trae puesto. Y es lo que ocurre hasta que, invariablemente, alguien te ve la mano y te dice “¿Es un Oura Ring?”. Había escuchado buenas reseñas sobre el anillo y la precisión de sus sensores, así que intentaría usarlo de manera ininterrumpida por un mes. No tenía nada que perder.
Bienvenido al juego
Parte del atractivo de los monitores de salud es que toman ventaja de un concepto propio de otro ámbito, el de los juegos, para hacer que los usuarios se sientan más involucrados con su estado físico. A esto se refiere la “ludificación” (la mejor traducción posible de “gamification”) de la salud y el rendimiento. Si me brindas un score de sueño, precisamente lo que hace el Oura Ring 4, mi cerebro primitivo, diseñado para la competencia, querrá superarlo la noche siguiente, y la que sigue, y la que sigue.

Yo siento como que estoy jugando, igual que sucede con Candy Crush o Call of Duty, sumando puntos y cumpliendo objetivos, pero en realidad estoy mejorando mi descanso por las noches, lo cual no solo me permite rendir mejor en el trabajo y el entrenamiento, sino que contribuye a la salud y la longevidad. Es lo mismo que ocurre con Instagram, donde obtengo una dosis de dopamina cuando alguien indica que le gusta mi publicación, solo que aquí el beneficio es real y medible. A menos que seas Cristiano Ronaldo o Kim Kardashian, la popularidad en las redes no sirve de nada. Pero moverte más, reducir tu estrés y dormir mejor es algo netamente positivo.
El poder de la sugestión
Mis días comienzan siempre de la misma forma: me levanto y reviso mis métricas mientras desayuno. Me interesa particularmente el score de “readiness”: cuán preparado estoy para asumir lo que me traerá el día. Hoy, 13 de abril, por la mañana, era de 89. “Óptimo” es como lo califica Oura. “Estás en una buena posición para afrontar el día con energía y enfoque. Enfrenta un reto divertido si tienes ganas, pero siempre escucha a tu cuerpo”. Leer eso me hace sentir como si pudiera atravesar una pared o correr un ultramaratón y mientras escribo esto, no puedo esperar para mi entrenamiento de hoy: pecho y bíceps en el gimnasio. Tengo confianza en que hoy es un buen día para subir los pesos. Lo único que ha hecho el anillo es presentarme un número, pero esto ha impactado cómo me siento de manera positiva y quizá me empuje para lograr un nuevo PR en press de banca.
Aunque hoy todo es alegría, no siempre es el caso. Por ejemplo, el día 28 de marzo, mi score por la mañana era de 50. “Pon atención”, me dijo la app de Oura. “Para retomar el balance, date tiempo hoy para recuperarte”. ¿A qué se debía ese número tan bajo? A que dormí menos de cinco horas y que probablemente me estaba enfermando (sentía dolor de oído y fatiga). ¿Qué hice? Correr 21 km con 1,000 m de desnivel positivo en trail.
Evidentemente, eso no era lo ideal, pero ya había hecho el compromiso con un grupo de amigos. En ese caso, lejos de darme un impulso de energía, como el 89 de hoy en la mañana, ese 50 se sentía como una condena: la pasaría muy mal allá afuera. Naturalmente, eso no era culpa del anillo, estaba haciendo su trabajo a la perfección. El del problema era yo que, como buen homo sapiens sapiens, soy susceptible de sugestionarme y soy vulnerable emocionalmente ante la información que recibo. Todo salió bien con mi entrenamiento a fin de cuentas, aunque varias veces pensé en el número mientras sumaba kilómetros de subida. “Les hubiera cancelado. Podría estar en cama con mi esposa ahora mismo”, pensaba.
Una herramienta muy útil

En la actualidad, se abusa de la palabra “increíble”. Toda persona que reseña un producto, particularmente si lo hace en video, utiliza el adjetivo varias veces “está increíble”, “es increíble”, “me pareció increíble”. Increíble sería ver un gato verde o un cerdo volador. Lo que pueden hacer los wearables no es increíble si tomas en cuenta que hace unos días cuatro seres humanos orbitaron la Luna y hoy están de vuelta en casa.
Pero lo que sí es es útil. Ver mi frecuencia cardiaca en tiempo real en la app de Oura y, sobre todo, cómo se comporta a lo largo del tiempo, me permite confirmar que mi entrenamiento está progresando adecuadamente. Mi edad cardiovascular, me dice la app al consultar la pestaña “My Health”, es nueve años menor que mi edad real. Es decir que en este cuerpo Millennial habita un corazón de Gen-Zer, por lo menos en lo que respecta a su funcionamiento (no escucho a BTS o Sabrina Carpenter). Eso es un win enorme.
Ayer por la mañana, encontré otro uso para el anillo. Participé en el Split 9K de adidas. Una carrera urbana de, lo adivinaste, 9 km. Como todos los días, traía el anillo puesto, pero simplemente para que supiera que me moví en la mañana, no porque quisiera que midiera mis métricas de rendimiento en el evento, para eso traía el reloj. Sin embargo, al concluir, noté que los datos que recopiló el Oura Ring, sin que yo le avisara que correría (algo que sí tienes que hacer con todos los relojes), tenían una precisión bastante razonable. La distancia que marcó fue 8.7 km (apenas 300 m de desviación) y el ritmo promedio de 4:22 min/km (en realidad fue de 4:09 min/km, pero no está nada mal). Además de que me presentó un mapa de mi recorrido. Incluso si hubiera dejado el reloj en casa, el terror de todo corredor, tendría el respaldo del anillo. Con más razón me aseguraré de usarlo en estos eventos.
Mis conclusiones
Las principales ventajas que le he encontrado al anillo son su practicidad (es cómodo dormir con él), su apariencia (es sutil, particularmente el que elegí: Brushed Silver) y la precisión de sus sensores. La app me gusta también porque es clara y ofrece recomendaciones que podrían ser útiles para alguien que está comenzando en el mundo del wellness.
Ninguna de las desventajas son cosas que pueda atribuirle al fabricante, simplemente son una consecuencia del tipo de producto y de mi estilo de vida. Por ejemplo, para alguien que levanta pesas con frecuencia, no es la opción más práctica si quieres un seguimiento perfecto de tu entrenamiento. ¿Puede soportar un entrenamiento de fuerza? Quizás sí, pero no voy a ponerlo a prueba. Tengo la impresión de que con una serie de curls, los rayones serían considerables. Lo mismo ocurre con el remo. Últimamente he reemplazado algunas de mis sesiones de running con tiempo en la remadora. Dado que hay que sujetar el maneral todo el tiempo, he optado por no usar el anillo, lo cual no es ninguna tragedia, pero son sesiones largas de entrenamiento cardiovascular que no sabe que estoy haciendo. Quizá si lo supiera me calcularía 10 años menos de edad cardiovascular…
Pero hablando con seriedad, no hay dispositivo perfecto y pedirle eso a una marca sería poco razonable dado que cada usuario lleva una vida distinta, entrena de diferente manera y tiene objetivos e intereses que varían mucho respecto a los demás. Lo que el Oura Ring ofrece es útil para la mayoría de la gente en la mayoría de los casos y eso es más que suficiente para recomendarlo. Todo esto empezó con el deseo de compartirle mis métricas de sueño a mi esposa y usarlo se ha convertido ya en un hábito que disfruto. Los 30 días terminaron, pero el anillo seguirá acompañándome (casi) todo el tiempo.
Fotos: cortesía de la marca