Cáncer de próstata: no siempre necesitas operarte
Un diagnóstico de cáncer de próstata no siempre requiere cirugía inmediata. Estas son las pruebas y alternativas que debes conocer.
Recibir un resultado elevado en una prueba de antígeno prostático puede ser motivo de preocupación. Sin embargo, tener niveles altos de este marcador no significa necesariamente que tengas cáncer de próstata. Incluso cuando se confirma la presencia de un tumor, no todos los pacientes necesitan someterse inmediatamente a una cirugía o radioterapia. Los avances en el diagnóstico y el seguimiento permiten tomar decisiones más precisas y, en determinados casos, evitar tratamientos innecesarios.
Durante años, uno de los principales problemas de la detección del cáncer de próstata ha sido distinguir entre los tumores que representan una amenaza real y aquellos que crecen tan lentamente que podrían no causar complicaciones durante la vida del paciente. La resonancia magnética, las pruebas complementarias y la vigilancia activa han contribuido a mejorar esa distinción. El objetivo no es dejar de tratar el cáncer, sino identificar cuándo es necesario intervenir y cuándo resulta más conveniente mantenerlo bajo observación médica.
¿Qué significa tener el antígeno prostático elevado?
El antígeno prostático específico, conocido como PSA por sus siglas en inglés o APE en español, es una proteína producida por la próstata que puede medirse mediante un análisis de sangre. Aunque sus niveles pueden aumentar cuando existe cáncer, también pueden elevarse por una inflamación, una infección o un crecimiento benigno de la próstata. Por eso, un resultado fuera del rango esperado no constituye por sí solo un diagnóstico de cáncer. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) señala que, cuando se detectan alteraciones, es necesario realizar estudios adicionales para determinar su causa.
Una de las recomendaciones que han cobrado importancia es repetir la prueba antes de avanzar hacia procedimientos más invasivos. De acuerdo con las guías de la Asociación Americana de Urología (AUA), entre el 25% y el 40% de los hombres con un PSA inicialmente elevado presentan resultados normales en una segunda medición. Esto puede ayudar a evitar estudios innecesarios, aunque la decisión depende de factores como la edad, los antecedentes familiares, los síntomas y la evaluación médica.
Las pruebas que pueden evitar procedimientos innecesarios
Cuando los resultados continúan siendo sospechosos, el siguiente paso consiste en evaluar con mayor detalle la próstata. Una de las herramientas más importantes es la resonancia magnética multiparamétrica, que permite identificar áreas sospechosas y orientar la decisión de realizar una biopsia. Su utilización puede reducir el número de biopsias innecesarias en determinados pacientes, aunque una resonancia sin hallazgos sospechosos no descarta por completo la presencia de cáncer.
También existen pruebas complementarias de sangre y orina que ayudan a estimar el riesgo de encontrar un tumor clínicamente significativo. Entre ellas se encuentran el índice de salud prostática (PHI) y la prueba 4Kscore. Estas herramientas no sustituyen el diagnóstico médico ni están disponibles de manera uniforme en todos los centros de salud, pero pueden aportar información adicional cuando los resultados del antígeno prostático no son concluyentes.
Si finalmente se necesita una biopsia, también es importante considerar cómo se realizará. Tradicionalmente, muchas biopsias se han practicado mediante una aguja introducida a través del recto. Actualmente, la biopsia transperineal, que accede a la próstata a través de la piel situada entre el escroto y el ano, es otra alternativa que puede disminuir el riesgo de infecciones. La elección depende de la experiencia del especialista, el equipo disponible y las características de cada paciente.

¿Es posible tener cáncer de próstata sin operarse?
Aunque puede parecer contradictorio, algunos hombres diagnosticados con cáncer de próstata pueden mantenerse bajo vigilancia médica sin recibir tratamiento inmediato. Esto se debe a que ciertos tumores localizados y de bajo riesgo crecen lentamente. En estos casos, operar o aplicar radioterapia desde el principio podría exponer al paciente a efectos secundarios sin ofrecer necesariamente un beneficio proporcional.
La estrategia se conoce como vigilancia activa y consiste en supervisar la evolución del cáncer mediante pruebas periódicas de antígeno prostático, evaluaciones médicas y, cuando corresponde, resonancias magnéticas y biopsias. No significa ignorar la enfermedad ni esperar a que aparezcan síntomas. Su propósito es detectar oportunamente cualquier señal de progresión para iniciar el tratamiento cuando resulte necesario. En México, la Norma Oficial Mexicana NOM-048-SSA2-2017 contempla la atención y el seguimiento de pacientes con cáncer de próstata, mientras que el IMSS reconoce la vigilancia como una de las opciones de manejo según la etapa de la enfermedad.
Los resultados de esta estrategia son alentadores en pacientes seleccionados. Un estudio multicéntrico publicado en JAMA en 2024, que siguió a 2,155 hombres con cáncer de próstata localizado y de riesgo favorable, encontró que, diez años después del diagnóstico, el 49% permanecía sin progresión de la enfermedad ni necesidad de tratamiento. La incidencia estimada de metástasis fue de 1.4% y la mortalidad específica por cáncer de próstata fue de 0.1%. Estos resultados corresponden a una población cuidadosamente seleccionada y sometida a seguimiento médico, por lo que no pueden extrapolarse a todos los diagnósticos.
La decisión también debe considerar los posibles efectos secundarios de los tratamientos. Tanto la cirugía como la radioterapia pueden provocar complicaciones, entre ellas incontinencia urinaria y disfunción eréctil. Esto no significa que deban evitarse cuando están indicadas: en tumores agresivos o con mayor riesgo de progresión, el tratamiento oportuno puede ser fundamental. La clave está en valorar las características del cáncer, el estado general de salud y las preferencias del paciente junto con el especialista.
¿Cuándo debes revisar tu próstata en México?
En México, el IMSS recomienda que los hombres de 45 años o más acudan a una valoración para detectar enfermedades prostáticas. En quienes tienen antecedentes familiares de cáncer de próstata, particularmente en padres o hermanos, la revisión puede comenzar desde los 40 años. El instituto también identifica a los hombres afrodescendientes como una población con mayor riesgo. La evaluación puede incluir un cuestionario de síntomas, una prueba de antígeno prostático y un tacto rectal, según la valoración médica.
Es importante recordar que el cáncer de próstata puede desarrollarse sin producir síntomas durante sus primeras etapas. Por eso, esperar a experimentar dificultades para orinar, molestias o cambios en los hábitos urinarios no es una estrategia adecuada de detección. Si tienes antecedentes familiares o estás en el rango de edad recomendado, acudir a una consulta médica permite conocer tus factores de riesgo y determinar qué pruebas necesitas. Y si recibes un diagnóstico, recuerda que la cirugía no siempre es el único camino: lo importante es encontrar el tratamiento, o el seguimiento, que realmente corresponda a tu caso.
Vía Men’s Health
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