Entrena duro, pero hazlo temprano
Si quieres mejorar tu rendimiento, empieza por tu reloj biológico: entrenar temprano puede marcar la diferencia en descanso, recuperación y constancia.
Si suena tu alarma y presionas snooze, ganarás diez minutos más de sueño. El problema es que ese pequeño gesto suele repetirse varias veces. De pronto han pasado treinta minutos y el tiempo para entrenar desaparece. Entonces decides hacerlo después del trabajo. El resultado es un ciclo conocido: entrenas tarde, duermes peor y al día siguiente cuesta aún más levantarse. Si te resulta familiar, quizá el problema no sea tu disciplina, sino el momento del día en que estás entrenando.
Muchos atletas recreativos se convencen de que el horario no importa mientras logren completar la sesión. Pero el cuerpo funciona con ritmos biológicos muy claros. Cuando entrenas tarde, especialmente después de una jornada laboral larga, tu organismo ya está preparando el descanso. Forzarlo a realizar una sesión intensa en ese momento puede alterar la calidad del sueño, algo que termina afectando el progreso en el gimnasio.
Los datos respaldan esta idea. Un estudio realizado por Whoop en colaboración con Monash University, que analizó a 14,689 personas, encontró que las sesiones intensas realizadas dentro de las cuatro horas previas a dormir dificultan conciliar el sueño y reducen la duración total del descanso. También provocan una frecuencia cardiaca en reposo más elevada y una variabilidad cardiaca menor, indicadores clave de recuperación.
Esto tiene consecuencias directas para cualquiera que busque mejorar su rendimiento físico. Si tu descanso se ve afectado, también lo hará la calidad de tus entrenamientos. En otras palabras, entrenar muy tarde puede sabotear la sesión del día siguiente, porque llegas al gimnasio más fatigado y con menor capacidad de recuperación.

Las marcas que hoy monitorean el rendimiento deportivo han comenzado a prestar mucha atención a este fenómeno. Dispositivos de seguimiento como los de Whoop, Garmin o Apple Watch analizan variables como frecuencia cardiaca en reposo, calidad del sueño y variabilidad cardiaca para estimar el nivel de recuperación diaria. En muchos casos, estos datos muestran lo mismo: los entrenamientos nocturnos intensos suelen empeorar las métricas de descanso.
Esto no significa que entrenar por la noche sea imposible. Para muchas personas con agendas complicadas es la única opción. Pero si tienes la oportunidad de mover tu sesión a las primeras horas del día, los beneficios suelen aparecer rápido. Entrenar temprano permite activar el metabolismo, mejorar la consistencia semanal y evitar que el cansancio del día interfiera con tu sesión.
También hay un factor psicológico que vale la pena considerar. Cuando entrenas por la mañana, el ejercicio deja de competir con otras responsabilidades. No hay reuniones imprevistas, tráfico de regreso a casa o compromisos sociales que cancelen el entrenamiento. Simplemente lo haces y continúas con el resto del día.
Nuestro consejo es simple: si vas a cambiar solo una cosa este mes, entrena temprano. Levántate cuando suene la alarma, ponte los tenis y sal a correr o dirígete al gimnasio. Los primeros minutos serán difíciles, pero una vez que termines la sesión entenderás por qué cada vez más atletas prefieren empezar el día entrenando.
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