El Trujal: un rincón de Andalucía donde el aceite de oliva es el protagonista
Más que un restaurante español, El Trujal propone un recorrido por los sabores andaluces, con una experiencia que comienza antes del primer platillo.
ablar de cocina española en la Ciudad de México suele remitir a tapas, paellas o jamón ibérico. Sin embargo, El Trujal apuesta por una narrativa distinta. Aquí, el protagonista no es un ingrediente de moda ni una receta reinterpretada, sino el aceite de oliva, el hilo conductor de una experiencia que comienza desde el momento en que te sientas a la mesa.
La bienvenida ya marca el tono de la comida. Antes de abrir la carta llega un gazpacho de guayaba, una versión fresca que combina tomate, aceite de oliva y jugo de sandía. El resultado conserva la esencia del clásico español, pero incorpora un toque frutal que prepara el paladar para lo que viene.

Experiencia completa
Si visitas El Trujal por primera vez, la cata de aceite de oliva es prácticamente obligatoria. El equipo explica las diferencias entre distintas variedades, enseña la forma correcta de degustarlas y ayuda a identificar aromas, sabores y niveles de intensidad. Incluso para quienes ya están familiarizados con este ingrediente, la experiencia aporta contexto y permite entender por qué el aceite ocupa un lugar tan importante dentro del concepto del restaurante.

Para comenzar
Elegimos las croquetas mixtas, una entrada que cumple con todo lo que se espera de este clásico español. Llegan recién hechas y muy calientes, con una cubierta crujiente y un interior cremoso. La selección incluye jamón serrano, gambas y champiñones, lo que las convierte en una excelente opción para compartir, aunque quienes disfrutan comer bien probablemente no quieran repartirlas.

Después llegó uno de los platillos más interesantes de la comida: el arroz meloso con rabo de toro. No es un corte que aparezca con frecuencia en las cartas de los restaurantes españoles de la ciudad y, precisamente por eso, sorprende. La carne prácticamente se deshace, mientras que el arroz mantiene una textura cremosa sin perder estructura.
Otro detalle que suma puntos es la presentación. El arroz llega en una sartén de hierro fundido todavía caliente, lo que permite que conserve su temperatura durante toda la comida. La porción resulta generosa y el equilibrio entre el arroz y el rabo de toro hace que ningún ingrediente eclipse al otro.

Como plato fuerte optamos por el solomillo al vino tinto con tuétano. La carne destaca por su suavidad y buen punto de cocción, mientras que la salsa de vino tinto aporta la acidez suficiente para equilibrar la riqueza del tuétano. Es un plato contundente, pero sin resultar pesado, ideal para quienes buscan sabores intensos sin perder elegancia.

El cierre estuvo a cargo de la torrija, uno de los postres más tradicionales de España. Aquí llega acompañada de helado de café y frutos rojos, una combinación que aporta contraste entre dulzor, frescura y un ligero amargor. Es un final redondo para una comida donde cada tiempo mantiene coherencia con el concepto del restaurante.

La experiencia detrás de cada plato
Detrás de esa propuesta están dos nombres con amplia experiencia en la cocina española. El director culinario, Pablo San Román, originario de San Sebastián, ha desarrollado buena parte de su carrera en México al frente de proyectos como D.O., El Puntal del Norte, Ajoblanco y EKILORE, consolidándose como una de las figuras más reconocidas de la gastronomía española en el país. A su lado trabaja Rodrigo Reyes, chef ejecutivo formado en la Escuela Panamericana de Hotelería, quien ha participado en restaurantes de alta cocina y proyectos como El Puntal del Norte y Pelayo. Juntos logran que la tradición mediterránea conserve su esencia, pero con una ejecución pensada para el comensal actual.
El Trujal no busca reinventar la cocina española; busca recordar por qué sigue siendo una de las gastronomías más apreciadas del mundo. Lo consigue con una propuesta donde el producto tiene prioridad, el aceite de oliva deja de ser un simple acompañante para convertirse en protagonista y cada platillo encuentra un equilibrio entre tradición y técnica. Si disfrutas descubrir restaurantes que cuentan una historia además de servir buena comida, este lugar merece un espacio en tu lista.
Donde: Av. Isaac Newton 88, Polanco, CDMX
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