Así es “Wolverine”, el péptido de moda
El BPC-157 -el compuesto del que se dice que ayuda a aumentar la vitalidad y la recuperación en los entrenamientos y las lesiones- se está popularizando, pero ¿deberías tomarlo? Lo investigamos.
Tony Cavalero empezó a pensar en el BPC-157 en 2024, por una crisis profesional. El actor, conocido por la serie de HBO Max The Righteous Gemstones, se estaba preparando para interpretar a un boxeador en la película Christy, protagonizada por Sydney Sweeney, cuando se lesionó el hombro. “Estaba muy preocupado”, recuerda Cavalero. “Tenía dos semanas para interpretar a un boxeador y el hombro me dolía mucho”.
Un amigo culturista profesional le recomendó consultar a un médico de Carolina del Sur sobre un tipo de fármacos llamados “péptidos”. Fue ahí donde Cavalero oyó hablar por primera vez del BPC-157, conocido en el mundo del fitness como el péptido Wolverine por los poderes regenerativos sobrehumanos que se le atribuyen. Al principio, no lo probó, pero unos meses después, cuando le molestaba un codo, volvió a consultar con ese médico y se lo inyectó. “Desde entonces no he vuelto a tener dolor en el codo”, dice riendo cuando le preguntan si ha tenido algún problema o efecto secundario. “No he tenido ningún efecto secundario, salvo sentirme más fuerte y verme genial”. Pregúntale a cualquiera, desde aficionados al gimnasio hasta maratonistas, y oirás hablar del potencial del BPC para curar tendones y ligamentos, acelerar la recuperación posoperatoria y permitirte entrenar con mayor intensidad y frecuencia. Puede que tu padre de 65 años te cuente que creía que la edad implicaba una recuperación más larga después de los entrenamientos, hasta que empezó a tomar el péptido. Otros dicen que simplemente los hace sentir bien. Eso es lo que sorprendió a Mathew Forzaglia, un entrenador personal de Nueva York. Probó un tratamiento combinado de tres meses con BPC-157 y otro péptido, el TB-500, después de que los esfuerzos de rehabilitación habituales no solucionaran sus persistentes dolores causados por un desgarro pectoral. No solo desapareció la molestia, dice, sino que “mis articulaciones y tendones parecían estar bien. Era como si de repente estuviera durmiendo, entrenando y alimentándome correctamente; como si todo fuera perfecto”.
En un segmento cada vez mayor de la población aficionada al gimnasio, el BPC-157 puede parecer un esteroide más seguro y menos agresivo que proporciona curación, fuerza y bienestar sin una larga lista de efectos secundarios ni estigma social. “Todo el mundo busca algo fácil, algo moralmente aceptable”, afirma el fisiólogo del ejercicio Pat Davidson, Ph. D., culturista de competición y entrenador de fuerza y acondicionamiento físico. “La gente no quiere que la etiqueten como “consumidora de esteroides”, y el BPC-157 es como jugar al límite sin cruzarlo”. Pero mucha gente está rozando el límite. Si bien el BPC-157 no es un descubrimiento reciente (se sintetizó por primera vez a principios de la década de los 90 y lo han usado culturistas profesionales durante años), actualmente está experimentando un enorme auge de popularidad. En este momento, con influencers del wellness y expertos en marketing que dominan los algoritmos promocionando suplementos no farmacéuticos, el péptido Wolverine es el tema del que no podemos dejar de hablar. Nos referimos a todos, desde el aficionado al gimnasio hasta figuras como Frank Grillo, Sterling K. Brown, Joe Rogan y Andrew Huberman. “Tenía tendinitis en el codo, empecé a usar BPC-157 y desapareció en dos semanas”, le dijo Rogan a Huberman en un episodio de 2021 de The Joe Rogan Experience. El boca a boca ha generado un enorme interés entre los consumidores por el BPC-157, pero, irónicamente, este auge se produce en un momento en que los organismos reguladores y la comunidad médica están tomando medidas enérgicas contra este popular péptido. La Agencia Mundial Antidopaje (AMA), que regula los fármacos y otras sustancias que los atletas de élite pueden consumir dentro y fuera de la competición, prohibió el péptido en 2022 porque, según la página web de la AMA, el BPC-157 carece de la aprobación de alguna autoridad sanitaria gubernamental para su uso terapéutico en humanos. A pesar de esta medida regulatoria, los entrenadores admiten que siguen trabajando con atletas de élite y profesionales que consumen el péptido durante su tiempo libre para acelerar la recuperación de lesiones y cirugías, con relativamente poco temor a las posibles repercusiones. El péptido tiene una vida media extremadamente corta, de tan solo 30 minutos, lo que significa que las probabilidades de detectarlo en las pruebas son bajas. Poco después de que la AMA tomara medidas, la FDA añadió el BPC-157 a la lista de sustancias de categoría 2. Como resultado, está prohibido para uso humano. La FDA justificó su decisión alegando la falta de estudios en humanos sobre el péptido y las preocupaciones sobre su seguridad. La reacción a esta prohibición fue como una prueba de Rorschach para medir la percepción pública sobre cómo el gobierno y la industria farmacéutica sirven al bien común. Por un lado, hay científicos y defensores bienintencionados que creen firmemente que los fármacos potentes y potencialmente peligrosos deben someterse a ensayos clínicos en humanos antes de su comercialización (algunos tienen preocupaciones teóricas, como que el BPC-157 pueda promover el crecimiento de células tumorales). Por otro lado, hay un grupo cada vez mayor y más activo de expertos y ciudadanos comunes que consideran que la FDA, la industria farmacéutica y prestigiosas instituciones científicas están poniendo trabas a sustancias potencialmente milagrosas. “La FDA es una institución anticuada”, afirma Michael Israetel, doctor en fisiología deportiva, culturista de competición y exprofesor de nutrición. “No tienen ningún incentivo para acelerar las cosas que funcionan”.
Las fuerzas contrapuestas que trabajan para expandir y limitar el alcance del BPC-157 ponen de manifiesto la extraña tensión que define los ámbitos del bienestar y el biohacking en 2026. Las preocupaciones sobre posibles problemas de seguridad y eficacia han convertido a este péptido en una especie de celebridad del mercado negro, donde la seguridad y la eficacia del consumidor están prácticamente en riesgo. El impacto acumulativo genera aún más confusión entre los consumidores promedio, quienes, en este caso, simplemente desean alcanzar su máximo potencial y necesitan una guía clara sobre qué funciona en un terreno plagado de anécdotas pero con escaso respaldo científico.
Una cosa es segura: cada vez más personas prueban el BPC-157 y sus experiencias son lo suficientemente positivas como para impulsar el interés del consumidor en el péptido. “Está de moda porque funciona muy bien”, afirma el entrenador Mircea Balaj, quien trabaja frecuentemente con atletas que toman BPC-157. A este impulso se suman algunas investigaciones que respaldan su potencial para ayudar con problemas gastrointestinales, recuperación de accidentes cerebrovasculares y artritis. Pero ¿es algo tan popular un peligro para tu salud y tu bolsillo?

Hace cinco años, poca gente sabía siquiera qué era un péptido, y mucho menos había personas que lo compraran en farmacias online chinas para inyectárselo en los glúteos, los hombros o los brazos. Ozempic lo cambió todo. Ese GLP-1 –parte de una clase de fármacos para la diabetes que tenía como efecto secundario la pérdida de peso– desencadenó una revolución bioquímica que ha impactado el tratamiento de enfermedades graves y en múltiples industrias (bienestar sexual, salud cerebral y fitness) y logró que la gente común se sintiera cómoda inyectándose un medicamento de forma rutinaria. Un péptido es esencialmente una proteína pequeña, una cadena de aminoácidos. Miles de péptidos diferentes se encuentran de forma natural en el cuerpo humano. Esto es parte de lo que los hace tan atractivos en comparación con los fármacos típicos: muchos de los péptidos más comunes utilizados hoy en día con fines medicinales (como para la pérdida de peso, la diabetes y los problemas hormonales) se secuencian directamente a partir de péptidos presentes en nuestro organismo; se pueden considerar como segmentos parciales de cadenas de aminoácidos más largas. El BPC-157 no es uno de ellos. Sus siglas significan “compuesto de protección corporal”, y parte de una proteína aislada por primera vez del jugo gástrico humano. Pero no se obtiene de un péptido interno; el BPC-157 es una cadena sintética de 15 aminoácidos. En los últimos veinte años, varias decenas de estudios preclínicos (es decir, investigaciones realizadas en animales o células) han proporcionado datos potencialmente prometedores que sugieren que el péptido puede combatir la inflamación y promover la síntesis de proteínas y la angiogénesis (el término científico para el proceso mediante el cual el cuerpo produce nuevos vasos sanguíneos). “Los estudios preclínicos y en animales indican beneficios para las lesiones de tendones y articulaciones”, afirma Drew Timmermans, médico naturópata. Pero incluso hoy, más de tres décadas después de la primera síntesis de BPC-157, solo se han realizado tres estudios en humanos, y ninguno fue un ensayo clínico a gran escala, como los que forman parte del proceso tradicional de aprobación de medicamentos. Un estudio de 2021 siguió a 12 pacientes con dolor crónico de rodilla que recibieron BPC-157 y descubrió que siete de ellos reportaron alivio durante más de seis meses; un resultado moderadamente alentador, pero difícilmente el tipo de investigación que por sí sola conduce a la aprobación de un medicamento. Y si bien no se han documentado riesgos importantes en estos estudios, a algunos investigadores les preocupa el posible crecimiento tumoral mencionado anteriormente. Los posibles efectos a largo plazo son una de las preocupaciones de Adam Meakins, fisioterapeuta y entrenador de fuerza y acondicionamiento físico de Reino Unido que ha trabajado con clientes que usan BPC-157. “Además, no tenemos confirmación de que el péptido haga lo que promete. Para eso, necesitaríamos estudios en humanos doble ciego, controlados con placebo”. Mientras, se están realizando experimentos con BPC-157 en sus dos presentaciones: oral e inyectable. Si bien las acciones de la FDA no han afectado significativamente a la venta ni a la compra de pastillas de BPC, algunos de los expertos con los que hablé dudan que quienes buscan beneficios para la recuperación obtengan grandes resultados. “Las pastillas no funcionarán por la misma razón que la insulina debe ser inyectada: las enzimas intestinales degradan a las pastillas”, afirma Katrin Svensson, doctora en patología y profesora asociada de la Universidad de Stanford, quien dirige un laboratorio que realiza investigación preclínica sobre péptidos. Por eso, muchas personas que toman BPC-157 están optando por la presentación inyectable, cuyas ventas están prosperando discretamente en un floreciente mercado gris. Timmermans señala que la patente de BPC-157 expiró hace mucho tiempo, lo que significa que ninguna empresa tiene actualmente un claro incentivo económico para invertir millones en la financiación de estudios en humanos. Sin embargo, si este péptido funciona tan bien, entonces las entidades comerciales podrían, en teoría, crear y patentar un nuevo compuesto similar al BPC-157 y sacar provecho de ello. Hasta entonces, son principalmente empresas online y profesionales independientes quienes lucran con esto. Y con toda la confusión regulatoria, los consumidores deben determinar por sí mismos si el BPC-157 podría ser seguro y efectivo. Incluso los entrenadores experimentados reconocen que la investigación es escasa y que tomar BPC-157 es, en última instancia, un acto de fe.

Mientras los debates sobre su seguridad y estatus regulatorio continúan, los consumidores interesados en el BPC-157 y otros péptidos deben arriesgarse buscando en internet o consultar con un médico. Es sorprendentemente fácil encontrar en internet BPC-157 inyectable y el paquete Wolverine, la popular combinación de BPC-157 y TB-500, otro péptido prohibido por la AMA. También es bastante fácil investigar online y encontrar consejos aparentemente fiables sobre dosis y protocolos para comenzar un tratamiento por cuenta propia. Aun así, los consumidores se encuentran en una situación incómoda. Las tiendas de péptidos online suelen indicar que los viales que venden son “solo para uso en investigación”, lo que significa que están oficialmente destinados a trabajos de laboratorio y no para uso humano. Preparar, almacenar e inyectar un péptido como el BPC-157 no es complicado, pero tampoco es sencillo. Se envía en polvo en viales, lo que significa que debe reconstituirse adecuadamente con agua bacteriostática, mantenerse estéril y refrigerado, y finalmente inyectarse con una jeringa de 1 cc. Si bien el uso de una aguja podría haber sido un inconveniente importante no hace mucho, los hábitos de consumo parecen haber cambiado. “A la mayoría no le molestan las inyecciones”, afirma Israetel.
Además, dado que la clasificación del BPC-157 por la FDA implica que la mayoría de las farmacias no pueden o no quieren prepararlo, los consumidores que adquieren péptidos online tendrán que confiar, al menos en cierta medida, en la pureza del producto que compran. Obviamente, no es práctico que los consumidores comprueben la pureza de los péptidos por sí mismos, pero pueden comprarlos en una tienda que sí lo haga. Numerosos laboratorios independientes analizan los viales y emiten certificados que autentifican la pureza de esos lotes. Algunos vendedores muestran sus certificados de terceros en las páginas de sus productos. Esto no garantiza que el péptido sea puro y esté libre de contaminantes como metales pesados, pero es mejor que arriesgarse con empresas que no realizan estas pruebas.
Ese riesgo calculado puede ser aceptable para los consumidores, pero no para algunos expertos. “Yo jamás lo tomaría, aunque sé que mucha gente lo toma y reporta efectos beneficiosos”, afirma Svensson. Para empezar, explica, la forma en que se sintetiza un péptido con fines de investigación (con una sal de TFA) es diferente y, posiblemente, lo hace más tóxico que un péptido aprobado por la FDA formulado para uso humano. “En mi opinión, no se debería tomar un péptido formulado exclusivamente para investigación”, declara Svensson. “Además, es fundamental asegurarse de poder solubilizarlo, almacenarlo y manipularlo correctamente, sin contar las cuestiones de pureza y contaminantes para las que la persona promedio no dispone de los instrumentos necesarios”. Algunos entrenadores experimentados afirman tener muchos amigos o clientes que han tomado BPC-157 con buenos resultados; aun así, no lo tomarían ni recomendarían a sus clientes. “No estoy aquí para tomar decisiones por los demás”, concluye Meakins. “Pero si me preguntaran: ‘¿Lo tomarías?’, diría que no”, citando preocupaciones sobre los efectos a largo plazo en aspectos como el crecimiento tumoral. “Sin embargo, he tenido muchos pacientes que han tomado BPC-157 y TB-500, y parece que sí tiene algún efecto. Por eso digo que es interesante”.
A pesar de estas reservas lógicas, pregunté a más de una docena de personas sobre los efectos secundarios y solo escuché anécdotas sobre problemas menores. Forzaglia admite: “Al principio, me costaba inyectarme correctamente”, dice el entrenador. “Sin duda, había cosas que desconocía antes de empezar a hacerlo por mi cuenta, pero con la investigación y la experiencia se me hizo más fácil”.
Aun así, ¿en quién deberías confiar para determinar si vale la pena correr los riesgos potenciales? Una forma de averiguarlo es hacer lo que hacen los verificadores de hechos profesionales cuando buscan desinformación: leen de forma transversal. Esto significa que no se limitan a revisar las publicaciones de una o dos voces influyentes. Buscan en múltiples fuentes no relacionadas y ven cuántas de esas fuentes podrían estar diciendo lo mismo. Y ten en cuenta que no todos han tenido una experiencia transformadora. El doctor Spencer Nadolsky, en busca de alivio para su epicondilitis lateral (codo de tenista), se arriesgó. “No obtuve ningún resultado”, afirma. “Lo probé varias veces y no tuvo ningún efecto en mi epicondilitis. Lo único que me ayudó fue la fisioterapia, y eso requirió tiempo”. Si bien los hilos de Reddit están llenos de testimonios entusiastas sobre el BPC-157, también hay muchas publicaciones de personas que dicen no haber visto ningún beneficio o haber experimentado incluso efectos secundarios desagradables.
Además, los proveedores online no son la única opción. Una realidad desconcertante de la actual acción de la FDA contra el BPC-157 y otros péptidos es que algunos profesionales médicos los utilizan. Uno de ellos es Timmermans, un naturópata de Arizona cuya práctica se centra en el dolor crónico, así como en la ortopedia y la medicina deportiva. Lleva unos ocho años utilizando BPC-157 con sus pacientes y no recomienda comprarlo online. Como señalan Timmermans y otros expertos, es fácil encontrar en internet consejos bastante consistentes sobre dosis y protocolos. Sin embargo, entrenadores experimentados afirman que el momento y la dosis de BPC-157 deben variar según el problema que se intente solucionar. “Conozco gente que lo ha usado para tratar molestias en el codo”, dice Israetel. “Toman una dosis baja y modifican su rutina de pesas, y así pueden recuperarse por completo en cuatro semanas”. Pero los atletas que lo usan para acelerar la curación de un desgarro pectoral o una reconstrucción del ligamento cruzado anterior, explica Israetel, necesitarán un tratamiento más prolongado. Ningún experto que entrevisté recomendó tomar BPC-157 de forma indefinida. En un mundo ideal, el BPC-157 sería sometido a rigurosos estudios en humanos, recetado por profesionales autorizados y entonces estaría fácilmente disponible en farmacias especializadas. Pero ese no es el mundo en el que vivimos. Para quienes sufren lesiones persistentes, se encuentran en recuperación posoperatoria o simplemente buscan entrenar con mayor intensidad, la única opción puede ser informarse adecuadamente y tomar una decisión fundamentada.
Eso fue lo que hizo Matteo Daniele, propietario de Personal Touch Training, en Nueva York, hace unos años. Sufrió una rotura de menisco en una rodilla que no requirió cirugía y luego se lesionó la otra. Daniele trabajaba en una clínica de rehabilitación y seguía correctamente todos los pasos de recuperación, pero aun así, el dolor limitaba su actividad deportiva e incluso le dificultaba subir escaleras, así que consultó con un médico y decidió probar BPC-157. “La inflamación disminuyó de inmediato y noté que tenía mejor circulación sanguínea de lo normal”, recuerda. Y en pocos meses, volvió a jugar fútbol y a entrenar intensamente en el gimnasio. Podría decirse que fue otro triunfo para el péptido Wolverine. Pero aún está por escribirse la última palabra sobre el BPC-157, que se encuentra en la intersección de la ciencia, la experiencia personal y la opinión pública.
PETER FLAX es autor de Live to Ride: Finding Joy and Meaning on a Bicycle
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