Listos para la aventura: Andrew Falasco y Aristeo Cázares Land Rover Defender
Quizá no lo parezca cuando eres joven, pero la aventura tiene fecha de expiración y si no tienes cuidado, esta llega de pronto y te sorprende con un montón de sueños sin cumplir.
La esperanza de vida promedio para un hombre mexicano es de 72.4 años. Seamos optimistas y calculemos 80. Eso equivale a 29,219 días. Suena como mucho, pero velo así: son solo 4,174 fines de semana y apenas 80 veranos (o inviernos si es que los prefieres). Si los primeros 18 los pasas bajo el estrecho tutelaje de tus padres y los últimos 15 te ves forzado a bajar el ritmo por los achaques de la edad, estamos hablando de que, en promedio, tienes 47 veranos para jugar. Son menos de 50 oportunidades para salir a explorar y acumular recuerdos. Quizá no lo parezca cuando eres joven, pero la aventura tiene fecha de expiración y si no tienes cuidado, esta llega de pronto y te sorprende con un montón de sueños sin cumplir. ¿Qué puedes hacer al respecto? Empezar a vivir como si te fueras a morir pronto porque, de cierta forma, así será. ¿Necesitas inspiración? Te presentamos a Andrew Falasco y Aristeo Cázares.
Andrew y Aristeo son la clase de personas que podrían pasar horas relatando historias. Tuve la fortuna recientemente de sentarme con ellos a hacer precisamente eso. Mientras escuchaba sobre las travesías de Andrew por África y los retos físicos que ha superado Aristeo como atleta multideporte, me preguntaba de dónde viene esta forma tan particular de ver el mundo, cuál es el génesis de este impulso que los lleva, literal y metafóricamente, a salir del camino asfaltado. Como verás más adelante, ambos pueden rastrear el origen de este espíritu de aventura a experiencias que vivieron cuando eran más jóvenes. Pero yo sospechaba que había algo más ahí. Esto me llevó a descubrir algo que me pareció sorprendente.

El profesor de psicología y genética Claude Cloninger propone que existen cuatro dimensiones del temperamento que dan lugar a la personalidad. Una de ellas se conoce como “búsqueda de la novedad”. Se manifiesta en aquellas personas que constantemente persiguen estímulos novedosos en un esfuerzo por evitar la monotonía. Cloninger se refiere, esencialmente, a individuos como Andrew y Aristeo. Lo anterior podría estar relacionado con la forma en que el cerebro genera y responde ante la dopamina. Verás, todos poseemos algo conocido como receptor de dopamina D4 y este tiene el potencial de incidir en el comportamiento. Se ha propuesto que una variante del mismo, llamada DRD4-7R, presente en alrededor del 20% de la población*, incentiva la búsqueda de la novedad. Esto ha provocado que se le conozca como el “gen de la aventura” o “gen del viajero”. Se cree que esta variación apareció en el genoma humano en el paleolítico superior, justamente en un momento de expansión migratoria de nuestra especie hace unos 55 mil años*, como explica el biólogo de la UNAM, Nicolás Ortega.
Si bien este deseo de explorar que nos hermana a todos aquellos que disfrutamos de ensuciarnos las manos y pasar frío o calor ocasionalmente es multifactorial, la idea de que haya algo en nuestros genes que nos impulsa a salir a correr, escalar, bucear o conducir un 4×4 por terrenos inhóspitos resulta fascinante.

Andrew Falasco, una vida dedicada a crear emociones
“Desde chico siempre tuve mucho contacto con la naturaleza”, me cuenta Andrew. Nos encontramos en algún punto de Tlaxcala y vamos a bordo de un Defender Trophy Edition de vuelta a la Ciudad de México después de pasar unas horas en las faldas del Pico de Orizaba. “Yo creo que un momento definitorio fue cuando me fui a Escocia a los 15 años. Me mandaron para allá a un campamento de supervivencia. Fueron dos semanas completamente outdoors, poniéndonos a prueba física y mentalmente. Eso me transformó. Me di cuenta de que puedes hacer mucho más de lo que crees, que el cuerpo aguanta mucho más. Y eso me acercó mucho más a la naturaleza”.
Tenía una idea general del currículum aventurero de Andrew desde hacía varios años. Habíamos intercambiado mensajes y desde entonces tenía la intención de incluirlo en Men’s Health. Lo que no imaginaba era la cantidad de experiencias que acumula. Es una enciclopedia andante en lo que se refiere a aventura y exploración. “Estudié fuera y cuando regresé a México, empecé a conectar muchísimo con las montañas, desde el Ajusco al Nevado Toluca, Iztaccíhuatl y luego el Pico de Orizaba. Me enamoré de las montañas y teniéndolas tan cerca de la ciudad, hacía miniexpediciones los fines de semana. De ahí empecé a escalar no nada más en México, sino también en Perú, Europa y Estados Unidos. En la actualidad, por mi trabajo me toca estar viajando mucho y enfocado en destinos que tienen un fuerte lazo con la naturaleza”. Se refiere a Awaken Journeys (@awaken_journeys), una empresa dedicada a diseñar experiencias y, como explica Andrew, a “crear emociones”. “Lo que hacemos es llevar a personas a lugares extraordinarios donde establecen conexiones profundas con el entorno natural”. Desde Tanzania y Uganda a Costa Rica, Japón o Islandia, son destinos que combinan hospitality de primer nivel con aventura. Todas las experiencias son curadas por Andrew. “Yo me doy a la tarea de ir a descubrir y explorar, a scoutear todos los destinos antes de ofrecerlos, porque es muy diferente lo que te va a arrojar Google a lo que ves cuando realmente pisas ese país”.

A lo largo del camino, hablamos sobre todo tipo de aventuras, desde sus expediciones a Denali hasta trekkings en Nepal. Una de las más llamativas tuvo lugar en Namibia, mientras recorría el desierto a bordo, precisamente, de un 4×4 como el Defender que nos lleva a casa ahora mismo. “A la mitad de la terracería vimos escrito en el piso la palabra ‘HELP’ en letras grandes. Nos paramos y salió de unos arbustos un finlandés que había intentado cruzar un río lleno de lodo y se había atorado por completo. Le dimos un aventón al pueblo más cercano que estaba como a dos horas y media. Tuvo muchísima suerte. Estábamos muy lejos de la civilización y podrían haber pasado tres días sin que alguien recorriera esa ruta”. La anécdota pone de manifiesto la importancia de la preparación cuando uno planea salir a la aventura. “Yo soy fan de los checklists y lo repito tres veces: checklist, checklist, checklist”, dice Andrew. Es algo que le ha permitido mantenerse seguro en sus propias aventuras, pero que también resulta clave para personalizar las travesías que ofrece a sus clientes, garantizando que las disfruten al máximo. “Si vas a ir a un safari, a qué país, con qué tipo de temperaturas, qué tipo de trayectos, qué tipo de camioneta, etc. Si vas a ir a Islandia, por ejemplo, es superimportante conocer el clima y saber que puede cambiar de un momento a otro. Necesitas llevar en tu maleta una capa extra de Gore-Tex y guantes. Hoy en día si sufres de frío es porque no hiciste una buena preparación porque con todas las herramientas, prendas y accesorios que tenemos a la mano, puedes estar muy bien preparado, pero sí necesitas apoyarte siempre en alguien que tenga ese conocimiento. Creo que ahí es donde nosotros nos diferenciamos”.
Mientras conversamos, descubrimos que tenemos múltiples lecturas y referentes en común. Desde libros como Into Thin Air de John Krakauer (sobre el desastre en el Monte Everest en 1997) hasta Born to Run de Christopher McDougall (sobre los tarahumaras y sus hazañas al correr). Hablamos sobre Nims Purja (desaparecido en Broad Peak justamente ese día y más tarde hallado sin vida), Reinhold Messner y Kilian Jornet. Es una pasión por la exploración que para ambos comenzó en la infancia coleccionando ediciones de National Geographic hasta tener libreros repletos de lomos amarillos, el color icónico de la marca.
En el caso de Andrew, a esto se suman las historias que le contaban sus padres cuando era pequeño. “Me iba a dormir en la noche y me gustaba ver sus álbumes de fotos. Ellos se conocieron en África. Vivieron varios años en Zambia y Nigeria y tienen muchísimas fotos de cuando se iban de safari solos. Me contaban historias de esas épocas y desde chiquito tenía ganas de vivir algo parecido. La idea de descubrir lugares nuevos es algo que siempre me ha llamado muchísimo la atención”. La tradición continúa y hoy Andrew comparte sus propias historias con la siguiente generación: “Tengo dos hijos, de nueve y de siete, que a veces me acompañan de viaje. Intentamos salir lo más posible de la ciudad. Es algo que me divierte muchísimo. Me encanta pensar en irlos introduciendo también a este mundo increíble de naturaleza y aventura”.

Airsteo Cázares, un hombre todoterreno
“Mi pasión por la aventura y el deporte comienza desde niño”, relata Aristeo, y me cuenta sobre los referentes a los que creció viendo por televisión: “Desde Eliza Thornberry y Jackie Chan hasta Rocky. Además, escuchaba a mi papá platicarme cómo hacía MacGyver para solucionar las cosas”. A esto se sumó su aptitud natural para el movimiento y su deseo irrefrenable de probar cosas nuevas. “Eso me permitió abrirme paso por diferentes disciplinas sin importar lo que sucediera, simplemente por el gusto de decir ‘el chiste de la vida es vivirla y el punto del cuerpo es usarlo’”.
A los 16 años, comenzó a practicar gimnasia y luego vino el parkour, disciplina por la que es más conocido (tiene una academia llamada Sky Brothers en Veracruz). “En ese momento, no había academias ni entrenadores. Yo veía un video, intentaba retener la información, porque no había teléfono como hoy, y salía a intentarlo, forjándome como si fuera una punta de obsidiana antigua: a golpes”.

Lo que lo animaba (y sigue siendo el caso hasta la fecha) era la curiosidad innata, atribuible quizás a ese gen de la aventura del que hablaba al comienzo. Durante años, no solo probó con distintas disciplinas y métodos de entrenamiento, sino también trabajos: “Hice shows infantiles, era el Capitán América o Batman, y daba clases de calistenia y parkour. También fui locutor de radio durante un tiempo”. Sin saberlo, se estaba convirtiendo en una navaja suiza, adquiriendo habilidades que más tarde le resultarían muy útiles a nivel profesional. “Me presenté a un casting para La Isla en el 2017. Luego, mi hermano fue a Exatlón y ganó la primera temporada. Después fui yo, gané la segunda y ¡pum! Ahí fue donde nos fuimos para arriba”.
Había tenido la oportunidad de convivir con Aristeo un par de veces y estaba familiarizado con su contenido, así que no me tomó por sorpresa su capacidad atlética (el Defender Trophy Edition tiene una escalera que nos permite a los simples mortales subir al techo peldaño a peldaño; él puede simplemente sujetarse del rack con una mano y subir de un salto), pero no esperaba encontrarme con alguien tan analítico y reflexivo. Al conversar con él me quedó claro que así como la exploración tiene un componente externo, que él domina a la perfección, desplazándose ágilmente por selvas, desiertos, montañas y las profundidades del mar, también tiene una dimensión interna. “El tema emocional es bien importante y trato de tener presentes siempre tres pilares: la mente, el cuerpo y el corazón. Si tienes esos pilares bien trabajados, puedes estar estable en cualquier tormenta”, explica. “Trato de encausar mis pensamientos y sentimientos. ¿Cómo puedo utilizarlos y darles dirección, de manera que me sirvan como combustible para llegar a donde quiero? En cuanto a lo físico, no se trata de tener un cuerpo estéticamente atractivo, sino de estar preparado. Es mi forma de verlo, entonces me preparo, entreno y medito. Me gusta mucho escribir y por medio de la escritura, trato de ir haciendo un repaso: ‘Ok. En el 2024 o en el 2025, en enero o en febrero me sentía así, ¿sigo pensando eso o no? Empiezas a hacer un estudio de ti mismo y explorarte a ti mismo”. Las herramientas que ha desarrollado para este proceso de exploración ahora están disponibles para los demás mediante lo que ha llamado “El Renacer del Guerrero”. “Es un proyecto de desarrollo personal. Son ocho días, ocho capítulos de workbooks que llenas y te comprometes contigo mismo a hacer ciertas tareas. Esto te permite dejar de procrastinar, marcar un objetivo claro y dejar de poner excusas. Es parte de lo que yo he aplicado en mi propia vida” (para saber más al respecto, ve a su perfil de IG: @ariscazares).
Una constante en la vida de Aristeo es el contacto con la naturaleza. No solo vive en un estado que destaca por la exuberancia de sus playas, selvas y cumbres como la que se encuentra a nuestras espaldas (el Pico de Orizaba está en el límite entre Puebla y Veracruz), sino que constantemente está en busca de nuevos paisajes por explorar, desde las dunas de Chachalacas a la Huasteca Potosina. “La naturaleza me hace sentir completo, como que somos lo mismo. Así es como yo lo vivo, cada nuevo lugar al que voy es como conocer algo nuevo de mí”. Este sentido de conexión es lo que marca la diferencia entre aquel que busca conquistar a la naturaleza (algo imposible) y quien aprende a fluir con ella, a disfrutarla y respetarla. El verdadero explorador entiende que nuestra presencia aquí es temporal. Estamos de paso y cada día es un regalo.

Hombre y máquina
A diferencia de los pilotos, los autos no tienen genes. Pero lo que sí tienen es espíritu y legado. Cuando se trata de aventura, ningún nombre se equipara al de Defender. No hay paraje natural al que no hayan llegado estos vehículos alguna vez. “Me acuerdo de que había varias ediciones de Nat-Geo donde venían artículos sobre el famoso Camel Trophy”, cuenta Andrew. “Eran puras Land Rovers. Me encantaban. Siempre han representado el ADN de aventura, de exploración, de empujar los límites y llegar a lugares inhóspitos. En Islandia uso mucho los Defenders porque necesitas un 4×4 y siempre los he tenido en el top of mind como los mejores para esto”. Aristeo tiene una perspectiva similar: “Defender es uno de los 4×4 que quisiera tener en el garage, sin duda alguna. Me impresionó el bloqueo de diferencial automático y la suspensión ajustable. Poder subirla y bajarla dependiendo del terreno en el que estás es muy útil. También me encanta el diseño, sobre todo los faros: la mirada que tiene como diciendo que va en serio y está lista para lo que sea”.

El escenario perfecto
Podríamos haber elegido cualquier sitio para esta sesión, pero ningún otro reflejaría con tanta contundencia el ethos de aventura que compartimos los tres con nuestro aliado de cuatro ruedas como el Pico de Orizaba. Así como se dice que el Everest es el techo del mundo, Citlaltépetl (el nombre en náhuatl del Pico, que significa “Monte de la estrella”) es el techo de México. La cumbre se encuentra a 5,636 msnm. Eso lo convierte en la tercera montaña más alta de Norteamérica, solo detrás de Denali (Alaska, EEUU) y Mount Logan (Yukón, Canadá). El sitio donde montamos el campamento, como ves en las fotos, se encuentra a 4,241 msnm. La reducida presión atmosférica en este sitio incrementa la exigencia de cualquier esfuerzo, pero si una cosa ha quedado clara ya es que tanto a Andrew como a Aristeo, al Defender Trophy Edition y al que ahora escribe, nos gustan los retos y esta experiencia se suma a ese archivo creciente de historias que un día contaremos a la siguiente generación. Sabemos que el tiempo no es infinito y estamos haciendo todo lo posible por aprovechar cada uno de esos 47 veranos al máximo. Esperamos que tú decidas hacer lo mismo.
*Fuentes:
–Koob AO et al, “Allele Frequency as a Lab Exercise in Neuroscience and Genetics Courses”. J Undergrad Neurosci Educ. 2021
–Ortega Water Nicolás, Análisis de la diversidad alélica y de haplotipos de la región genómica que incluye el sistema polimórfico en el número variable de repeticiones en tándem del tercer exón del gen humano DRD4 en poblaciones indígenas y mestizas mexicanas, Facultad de Medicina UNAM.
La historia detrás del nombre
A lo largo de las décadas, los Defenders se han utilizado para todo tipo de expediciones, pero quizá las más memorables son sus participaciones en el Camel Trophy (1980-2000). Esto era una competencia de off-roading que se realizaba en sitios impenetrables como Papúa Nueva Guinea, Madagascar y Siberia. El Defender Trophy Edition que ves aquí debe su nombre, y ese icónico color amarillo, el “Sandglow Yellow”, a ese legado. También está disponible en el color “Keswick Green”.
Defender Trophy Edition, en números

Motor: P400, semihíbrido de gasolina
Potencia: 400 caballos de fuerza
Torque 550 nm
Velocidad máxima: 191 km/h
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