Una dolorosa enfermedad está aumentando entre los hombres jóvenes. Los científicos intentan descubrir por qué
La “enfermedad de los reyes” está en tendencia. ¿La culpa es de la alimentación moderna?
Si nunca has experimentado un ataque de gota, entiende que no tiene absolutamente nada de gracioso. Esta afección, un tipo de artritis inflamatoria, puede sentirse precisamente como fuego: un dolor punzante, ardiente y explosivo, intenso y a menudo repentino. Quienes padecen gota suelen sentir esta quemazón en el dedo gordo del pie, aunque también puede incendiar tobillos, rodillas, codos, muñecas y dedos. Un ataque agudo suele comenzar por la noche y durar entre 4 y 12 horas. Las molestias residuales pueden prolongarse algunas semanas. En casos avanzados aparecen bultos o nódulos debajo de la piel y en las articulaciones y, además de todo eso, cálculos renales.
A finales del año pasado, en su podcast Bussin’ with the Boys, el tackle ofensivo y tres veces seleccionado al Pro Bowl de la NFL Taylor Lewan habló públicamente de un ataque incapacitante que lo dejó “siempre con dolor”. Lewan, de 34 años, se comparó con los personajes de 127 Hours y de la franquicia Saw, que se cortan sus propias extremidades para escapar del peligro. “Preferiría volver a romperme el ligamento cruzado anterior y pasar nueve meses de rehabilitación que tener gota durante una semana”, dijo Lewan, quien sí se rompió ese ligamento durante un partido en 2020.
Hasta hace aproximadamente una década, muchas personas —incluidos médicos— no se tomaban en serio la gota, sobre todo en hombres jóvenes. Quizá se deba a que esta enfermedad, históricamente asociada con la realeza europea, ha sido llamada durante mucho tiempo “la enfermedad de los reyes”. Aquellos hombres comían alimentos ricos y costosos y bebían mucho alcohol; algunos incluso lucían el diagnóstico como símbolo de estatus. En pocas palabras: se consideraba un problema de hombres viejos y ricos.
Pero, pese a esa imagen, la gota puede afectar a personas de cualquier edad y condición.
No sorprende que la gota sea tendencia en internet. Influencers de TikTok e Instagram —sí, influencers de gota— comparten estrategias de prevención y tratamiento. Sólo en TikTok, los videos populares suman más de 426 millones de visualizaciones. Hay comediantes jóvenes que se burlan de su enfermedad, debates en Reddit sobre medicamentos y una oferta aparentemente infinita de memes.
Parte del aumento se explica por una mayor conciencia: los médicos reconocen y diagnostican mejor la gota. Sin embargo, intervienen otros factores y los científicos todavía desentrañan su complejidad. Para quienes la padecen, el alivio no puede llegar suficientemente pronto.
Un dolor real
Para Gary Ho, la batalla de décadas contra la gota comenzó a los 24 años. Caminaba por su campus universitario cuando “mi tobillo derecho empezó a hincharse”, recuerda. “Era increíblemente doloroso. Sentía como si me hubiera roto el pie, pero no había hecho nada”.
El médico atribuyó el dolor al sobreesfuerzo. El padre de Ho sugirió que podía ser hereditario: tanto él como el abuelo de Ho tenían gota. Pero el médico insistió en que no era una enfermedad de jóvenes. “Durante 16 años soporté el dolor, fui al médico, repetí mi historia y volví a escuchar que era demasiado joven, que no cumplía los criterios y que normalmente les pasaba a hombres mayores”.
Ser joven tampoco reduce el dolor. “Es muy intenso en la mayoría de los casos”, afirma Brian Mandell, médico y doctor en ciencias, reumatólogo de Cleveland Clinic y miembro del consejo de Gout Education Society.
El dolor característico se debe a cristales afilados, semejantes a agujas diminutas, que se forman cuando falla un proceso celular complejo. El cuerpo produce continuamente ácido úrico al descomponer células viejas o digerir alimentos ricos en purinas, compuestos solubles en agua presentes en carnes rojas, vísceras y mariscos.
En la mayoría de las personas, la sangre y los riñones eliminan el ácido úrico por la orina. En quienes tienen gota, éste se acumula y forma cristales que tienden a concentrarse en las extremidades. Los detonantes varían, pero muchas personas reportan ataques después de consumir alcohol —especialmente cerveza—, atún, vieiras, carne de res o jugos con fructosa, productos que se considera elevan el ácido úrico.
Además de sus efectos físicos incapacitantes, la gota afecta las relaciones y la salud mental. Justin Radam, barbero de Toronto, comenzó a sufrir ataques poco después de los 30. Mientras su hija aprendía a caminar, él tenía dificultades para moverse. “Durante un ataque me quedaba en cama con el pie elevado. Me destruía tener que decirle: ‘No, cariño, papá no puede jugar contigo ahora’”.
Ho también sentía presión para aguantar los ataques, incluso cuando se convertía en objeto de bromas. Recuerda salir con sus amigos en Austin para escuchar música en vivo y tratar de seguirles el paso con muletas o cojeando. Lo llamaban con apodos relacionados con su discapacidad y la gota. “Creían que era cariñoso, pero yo pensaba: no entienden esto. Si alguien me dijera que tiene migraña o dolor de espalda, yo no me reiría”.
Como los ronquidos o la calvicie, la gota tiene fama de ser graciosa entre quienes no la padecen, algo extraño ante la gravedad de sus síntomas. Las investigaciones sobre sus daños mentales muestran que los pacientes pueden minimizar u ocultar el diagnóstico por miedo al juicio, e incluso negar sus síntomas.
Un estudio de 2025 halló que el estigma llevó a pacientes a evitar pedir ayuda al médico general. En una encuesta con más de 1,000 pacientes, más de una cuarta parte dijo que la enfermedad había afectado su autoestima, un giro completo respecto de la época en que algunos presumían padecerla.

“La enfermedad de los reyes”
La gota es una de las enfermedades reconocidas más antiguas: los egipcios la registraron en 2640 a. C. Incluso los primeros médicos la cargaron de estigma. Hipócrates la llamó “la enfermedad que impide caminar” y “la artritis de los ricos”; creía que, a diferencia de la artritis reumatoide que atribuía a los pobres, afectaba a los acaudalados.
El estereotipo persistió porque muchos miembros de la realeza sí la padecieron. Un estudio de 2025 en The Lancet Rheumatology encontró casos probables en Carlos V de España, quien la desarrolló a los 20 y tantos años; también en su hijo Felipe II y en Enrique VII, Enrique VIII, Ana Estuardo y Jorge IV de Inglaterra. Para el siglo IX era un símbolo de estatus y las fábulas la retrataban como enfermedad de una nobleza ociosa y entregada a los excesos.
La cultura popular aún la trata como una burla encubierta sobre el peso. Un estudio de 2021 encontró que 79% de sus menciones en películas y series contemporáneas buscaban provocar risa. Ha aparecido en Game of Thrones, The X-Files, Friends, The Big Bang Theory, Everybody Hates Chris, The Jeffersons y Seinfeld.
En un episodio de 1999 de King of the Hill, Bobby Hill, de 12 años, contrae gota por comer demasiado hígado y dice ser el único menor de 70 años con la enfermedad fuera del supuesto “cinturón de la gota” de los Balcanes inferiores. Si el chiste se escribiera hoy, quizá varios compañeros también la tendrían.
En la era de las redes, abundan las bromas. Comediantes con gota se ríen de que comer camarones pueda incapacitar a un hombre y de que la enfermedad no los haga sentirse como reyes. Steve Furey, de 37 años, incorporó la gota a su comedia después de sufrir ataques desde el inicio de sus 30. Sus médicos tampoco la sospecharon por su edad; algunos insinuaron que fingía para conseguir analgésicos y otros plantearon cáncer. Una biopsia reveló que el bulto era un depósito de ácido úrico del tamaño de una pelota de golf.
Furey dice que el humor nace del contraste entre los reyes fiesteros y la realidad cotidiana. “No es una enfermedad de ricos; es de trabajadores portuarios y de comediantes”. Aunque no quiere ser “el tipo de la gota”, muchos hombres le agradecen hablar abiertamente: por fin se sienten vistos. Las redes aumentan la conciencia, pero los expertos temen que también difundan desinformación peligrosa.
Una enfermedad digital
Porque estamos en 2026, TikTok reúne más de 170,000 publicaciones con #gout. Entre imágenes de pies extremadamente hinchados aparecen recomendaciones de médicos con bata, “guerreros del bienestar” y videos inquietantes generados por IA; muchos intentan vender suplementos, fórmulas detox u otros productos de TikTok Shop. Una voz robótica incluso ofrece un plan de bebidas de siete días para prevenir la gota a quienes escriban “sí” en comentarios.
Es natural que los jóvenes busquen respuestas en #gouttok. Más de la mitad de la generación Z encuestada en 2024 dijo buscar consejos de salud en TikTok y un tercio la consideró su fuente principal. Pero investigadores de Nueva Zelanda encontraron que sólo 24% de quienes hablaban de gota en los videos principales eran profesionales sanitarios. Los 116 videos analizados, con más de 426 millones de vistas, explicaban incorrectamente el manejo de la enfermedad, sobre todo al afirmar que la dieta o los remedios herbales podían tratarla.
Los cambios alimentarios son, como máximo, una solución parcial. Comer saludablemente, bajar de peso y hacer ejercicio puede reducir la frecuencia e intensidad de los ataques, pero “hacer esas cosas no significa que la gota vaya a desaparecer”, advierte Mandell.
Los suplementos herbales tampoco ofrecen una solución. Aplicar jengibre en una articulación no detendrá un ataque. El jugo de cereza quizá reduzca el urato, pero no lo suficiente para ayudar a la mayoría. El riesgo de estos enfoques es tratar insuficientemente la enfermedad y permitir que empeore.
Alivio real
Pese a su larga historia, científicos y médicos aún investigan sus causas, prevención y tratamiento. Una constante conocida es que requiere atención médica profesional, en buena medida porque el tratamiento se complica rápidamente debido a las enfermedades asociadas.
El aumento entre jóvenes se relaciona con obesidad, diabetes, trastornos cardiovasculares y síndrome metabólico. La resistencia a la insulina crece entre adolescentes y se estudia su papel en la acumulación de ácido úrico. El sedentarismo también se vincula con la gota, pero crea un círculo vicioso: las personas quieren mantenerse activas, aunque un ataque les impide ir al gimnasio.
La alimentación moderna también puede influir. Se han encontrado correlaciones con la fructosa, incluida la del jarabe de maíz de alta fructosa, y con alimentos ultraprocesados como carnes procesadas y comida rápida. Consumir grandes cantidades de proteína puede perjudicar a quienes tienen predisposición: las dietas abundantes en carne roja o mariscos se asocian con mayor probabilidad de gota.
También está el alcohol. Aunque en Estados Unidos su consumo general ha disminuido desde finales de la década de 1930, alrededor de 27% de los hombres de 18 a 25 años reportó consumo excesivo episódico. El alcohol puede detonar la gota y los estudios señalan principalmente a la cerveza y los destilados.
Existen casos desconcertantes como el de William Haire, diagnosticado a los 39 años. Al despertar con dolor intenso en un dedo creyó que era una reacción tardía a una lesión del gimnasio. Un médico de atención urgente diagnosticó gota. Haire se sorprendió porque comía bien, entrenaba y bebía poco; no encontró antecedentes familiares. Probó un medicamento, lo suspendió y reforzó los cambios alimentarios: eliminó los mariscos y redujo aún más el alcohol. Espera que su primer ataque sea el último, aunque no puede saberlo.
La buena noticia es que existen tratamientos comprobados para los síntomas. Algunos medicamentos de prescripción impiden que los glóbulos blancos interactúen con los cristales de ácido úrico y reducen dolor e inflamación. La colchicina puede utilizarse en dosis pequeñas durante periodos prolongados para prevenir ataques graves o en dosis mayores durante un ataque. El alopurinol se prescribe diariamente a largo plazo y limita la producción de ácido úrico; al iniciarlo suele recetarse también colchicina durante los primeros meses.
Con medicamentos y moderación, Furey consiguió alivio a largo plazo y todavía puede beber algunos cocteles y comer carne en ocasiones. Las personas pueden identificar y reducir sus alimentos detonantes. Especialistas recomiendan a veces las dietas mediterránea y DASH por su bajo contenido de purinas y propiedades antiinflamatorias, pero la comida no explica todo: lo que no afecta a una persona puede causar agonía a otra.
El peso también influye. Los médicos estudian los fármacos GLP-1 para bajar de peso como posible tratamiento, pues combaten la obesidad y enfermedades asociadas. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que sus usuarios podrían enfrentar un riesgo ligeramente mayor de gota, quizá por la pérdida rápida de peso.
Parte de la ecuación puede estar en el ADN y activarse por factores externos. Mandell explica que múltiples elementos determinan quién tendrá ataques y niveles elevados de ácido úrico: “En parte es una enfermedad genética”. Algunos riñones eliminan el ácido úrico con facilidad y otros tienen dificultades; la genética incluso podría influir en la sensibilidad al ácido úrico.
Esto también explica la asociación con los reyes. El estudio sobre monarcas mostró que la enfermedad pasaba entre herederos. Los investigadores señalaron que sociedad y medicina la atribuyeron a la dieta y el alcohol pese a que la evidencia hereditaria estaba a la vista: no se heredaba por los títulos y la riqueza, sino por los genes.
Radam descubrió antecedentes familiares. Es de ascendencia filipina y afirma que la enfermedad es común en esa comunidad; investigaciones indican que las personas asiáticas tienen tres veces más probabilidades de recibir un diagnóstico que las caucásicas. Su padre sufre ataques. Preguntar a la familia puede ayudar, aunque muchas personas quizá hayan vivido años sin diagnóstico. Por eso algunos pacientes buscan comprensión y apoyo en reuniones presenciales.
Tratar el estigma
A los 40 años, Ho finalmente consultó a un reumatólogo. Un análisis reveló niveles peligrosamente altos de ácido úrico. Con cambios alimentarios, ejercicio, medicamentos y revisiones regulares, controla la enfermedad y volvió a una vida activa.
Los años de dolor innecesario lo afectaron y sabía que otros seguían sin diagnóstico. Él y su reumatólogo publicaron un anuncio para una reunión sabatina en Austin. Llegaron cinco parejas; al principio los hombres estaban malhumorados, pero con café y donas hablaron del dolor y conectaron. Ho comprendió que ese apoyo era lo que faltaba.
La primera reunión fue en 2015. La red pasó a internet ese mismo año y obtuvo condición de organización sin fines de lucro en 2021. Hoy es Gout Support Group of America, un centro social y educativo con más de 17,000 integrantes. No ofrece curas milagrosas —la gota es una enfermedad de por vida—, pero sí respuestas.
“Quiero compartir que existe una esperanza genuina de que quienes viven con gota recuperen su calidad de vida”, dice Ho. “Pueden ser felices, vivir con normalidad, comer lo que quieran con moderación y no vivir con miedo”. Y las personas de todas las edades son bienvenidas.
Vía Men’s Health
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