El Maldito de Jalisco: una cantina para comer y brindar
Cantaritos, aguachile, barbacoa y tortas ahogadas: visitamos El Maldito de Jalisco, una cantina tapatía en CDMX.
El nombre deja bastante claro de dónde viene la inspiración. El Maldito de Jalisco es una cantina jalisciense contemporánea instalada en Versalles 80, en la colonia Juárez de la Ciudad de México. Su carta gira alrededor de aguachiles, barbacoa, carne en su jugo, tortas ahogadas, tacos y tequila; platos reconocibles a los que se permite hacer algunos cambios sin perder de vista sus raíces.
Y la experiencia empieza prácticamente desde que tomas asiento. Te reciben con un cantarito de tequila de proporciones considerables, de esos que parecen hechos para compartir. Es cítrico, refrescante y una muy buena manera de comenzar una comida que fácilmente puede convertirse en celebración. También puedes pedirlo con raicilla, si quieres salirte del camino más evidente.

Antes de ordenar llega otra de las sorpresas: un birote salado de Jalisco acompañado de crema de rancho, orégano y ceniza de chile de Yahualica. La recomendación es comerlo en cuanto llega porque, conforme pierde temperatura, el pan también pierde parte de su encanto. Hazles caso. Es una cortesía aparentemente sencilla que terminó siendo una de esas cosas que recordaríamos después de la comida.

Un aguachile que no debería funcionar, pero funciona
Para abrir el apetito pedimos el aguachile negro de camarón, servido sobre una base oscura de chiles tatemados con cebolla morada y pepino persa. Hasta ahí, nada particularmente extraño. Lo interesante llega con los dos tacos dorados de papa, kimchi hecho en casa y aguacate que aparecen a un lado.
La idea es poner el camarón y parte del aguachile sobre los tacos y comer todo junto. Sobre el papel, la combinación puede parecer un poco contraintuitiva; en la boca tiene mucho más sentido. El crujiente de la tortilla, la papa, la acidez, el picante y el kimchi terminan haciendo de este uno de los platos que más disfrutamos de la visita. No somos los únicos: otras reseñas del restaurante también lo han señalado como uno de sus platos destacados.

Después llegaron los tacos de barbacoa roja estilo Jalisco. La carne de res se cocina durante 12 horas a baja temperatura en un adobo de chiles secos y se sirve sobre tortilla planchada, en una preparación inspirada en las que puedes encontrar en las calles de Guadalajara. La orden actual incluye tres piezas.
Aquí vale la pena pedirlos con veneno y acompañarlos con el tuétano al grill, servido con pasta de chile serrano y cilantro. No es precisamente la parte más ligera de la comida, pero tampoco vinimos a una cantina jalisciense buscando una ensalada. La combinación es intensa, untuosa y suficientemente contundente para confirmar otra característica de la carta: conviene venir acompañado.


La torta ahogada tiene que estar en la mesa
De plato fuerte fuimos por uno de los clásicos inevitables: la torta ahogada. La presencia de este platillo como uno de los pilares de la propuesta está confirmada tanto por el restaurante como por su menú y forma parte de esa intención de llevar algunos de los sabores más reconocibles de Jalisco hasta la Juárez.
Llega caliente, generosamente bañada y con el picante por separado, un detalle que agradecerá cualquiera que no tenga demasiada tolerancia. Pero si puedes soportarlo, nuestra recomendación es que al menos pruebes la salsa. Una torta ahogada sin algo de picante pierde parte de la experiencia.

Para beber también quisimos comprobar qué pasaba si quitábamos el tequila de la ecuación. Probamos la Guanabanita, un mocktail preparado con pulpa de guanábana, jarabe de lemongrass, jugo de limón y agua mineral. Fresca, ligeramente dulce y con suficiente acidez, demuestra que también hay alternativas para quien no quiere beber alcohol.
Una cantina para llegar con hambre y acompañado
Cerramos con un flan que cumplió perfectamente con su trabajo: cremoso, dulce y reconfortante después de tantos sabores intensos. Para ese momento, sin embargo, ya había quedado clara una de las mejores recomendaciones que podemos darte antes de visitar El Maldito de Jalisco: no vayas solo. Las porciones se prestan para pedir varios platos al centro y compartirlos, que además es probablemente la mejor manera de recorrer la carta.

El espacio acompaña esa idea. La barra con vitrales, las mesas de madera y los detalles que recuerdan a las cantinas tradicionales buscan recrear parte de ese ambiente sin convertir el lugar en un escenario temático. Es animado, informal y funciona especialmente bien para una comida larga con amigos que pueda prolongarse algunas horas.
El Maldito de Jalisco no intenta reinventar la cocina jalisciense, y probablemente ahí está parte de su acierto. Hay suficiente respeto por platos conocidos como la torta ahogada o la barbacoa, pero también libertad para servir un aguachile con kimchi o acompañar el birote con ceniza de chile. El resultado es una cantina contemporánea donde se come bien, se bebe mejor y, sobre todo, dan ganas de quedarse otro rato. Está en Versalles 80, colonia Juárez, CDMX.
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