Este método militar de 3 pasos te hará más fuerte, resistente y potente
Este sistema de entrenamiento desarrolla la capacidad aeróbica, la fuerza de las piernas y el rendimiento a alta intensidad necesarios para conseguir una condición física completa.
Estar en forma para las exigencias militares requiere algo más que simplemente ser fuerte o tener una gran capacidad aeróbica. Necesitas ser capaz de recorrer largas distancias, generar fuerza cuando estás fatigado y todavía tener una marcha extra cuando aumenta la intensidad.
Según el YouTuber Harry Shepherd, quien se basa en su experiencia con entrenamientos al estilo de los Royal Marines del Reino Unido, eso significa estructurar tu entrenamiento alrededor de tres áreas clave: resistencia aeróbica, fuerza del tren inferior y acondicionamiento de alta intensidad.
“Este es el proceso de tres pasos para no quedarte nunca sin energía y desarrollar una resistencia inquebrantable cuando se trata de fitness militar”, explica Shepherd. “Es exactamente la forma en la que puedes desarrollar tu capacidad física y tu resistencia de una manera que se transfiera específicamente a las exigencias de la preparación militar”.
Tampoco necesitas estar preparándote para una selección militar para obtener sus beneficios. Esta misma combinación puede ayudarte a desarrollar una condición física completa que se transfiera al running, el senderismo, el entrenamiento híbrido y muchas otras actividades.
3 pasos para desarrollar una condición física de nivel militar
1. Construye tu base aeróbica con la zona 2
La preparación física militar exige la capacidad de pasar largos periodos de pie y seguir moviéndote incluso cuando comienza a aparecer la fatiga. Ahí es donde entra en juego una buena base aeróbica.
Shepherd coloca el trabajo en zona 2 en la base de su pirámide de condición física.
“Necesitamos una buena cantidad de trabajo en zona 2, donde nos mantenemos en esa área destinada a construir nuestra base aeróbica durante cierto periodo”, explica Shepherd. “La zona 2 consiste esencialmente en esos kilómetros largos, aburridos y fáciles, y vamos a intentar realizar el 80% de nuestro trabajo cardiovascular en esa zona”.
Piensa en correr, andar en bicicleta, remar o utilizar la máquina de escaleras a una intensidad fácil y sostenible. Shepherd sugiere trabajar aproximadamente entre el 60 y el 70% de tu frecuencia cardíaca máxima, aunque las zonas de frecuencia cardíaca varían entre personas y dispositivos.
Una forma más sencilla de medirlo es mediante la prueba del habla: el esfuerzo debería sentirse lo suficientemente controlado como para poder mantener una conversación sin quedarte sin aliento.
El objetivo no es terminar tirado en el suelo. Se trata de acumular suficiente trabajo aeróbico del que puedas recuperarte y que puedas repetir de manera constante.

2. Desarrolla una gran fuerza en el tren inferior
El siguiente paso es desarrollar la fuerza del tren inferior.
No resulta demasiado sorprendente. Ya sea que estés corriendo, cargando equipo, escalando o simplemente pasando horas de pie, unas piernas más fuertes te proporcionan una mayor capacidad física para trabajar.
Shepherd recomienda entrenar el tren inferior dos veces por semana, asegurándote de fortalecer los cuádriceps, isquiotibiales, glúteos y pantorrillas.
Su enfoque consiste en estructurar cada sesión alrededor de lo que denomina un indicador clave de rendimiento (KPI): un movimiento como el peso muerto, la sentadilla trasera o el hip thrust que puedas registrar y mejorar progresivamente.
“El método KPI es muy sencillo. Vamos a tener un movimiento clave y después vamos a construir la sesión a partir de él”, explica.
“Si nuestra sesión de tren inferior comienza con un peso muerto, por ejemplo, vamos a utilizarlo como nuestra referencia de fuerza. Y después, a partir de ahí, podemos hacer algunos hip thrusts. Podemos hacer algunos pesos muertos rumanos (RDL). Podemos hacer algunos curls de isquiotibiales. Así es como vamos a plantear nuestro trabajo de fuerza para el tren inferior”.
El beneficio es la simplicidad: en lugar de intentar mejorar todo simultáneamente, tienes un gran levantamiento que proporciona una medida objetiva de si te estás volviendo más fuerte, mientras que el trabajo accesorio se encarga de cubrir los aspectos restantes.
3. Añade trabajo de VO2 máx. y potencia
Una vez que hayas construido la base de la pirámide, Shepherd añade el trabajo más intenso: entrenamiento de VO2 máx. y ejercicios explosivos.
“Necesitamos trabajar el extremo más exigente del espectro, donde nos concentramos en el VO2 máx. y la potencia”, explica.
En cuanto al trabajo cardiovascular, esto significa realizar intervalos intensos de 400 m, 600 m o 1 km, intercalados con suficiente recuperación para mantener la calidad de cada repetición. En lugar de obsesionarte con alcanzar un porcentaje exacto de frecuencia cardíaca —que puede tardar en reflejar tu esfuerzo real durante los intervalos más cortos—, busca esfuerzos intensos pero repetibles que te hagan trabajar cerca del límite superior de tu capacidad aeróbica.
El entrenamiento de potencia tiene un objetivo diferente: generar fuerza rápidamente.
“La potencia es básicamente velocidad más carga”, explica Shepherd. “Con nuestro trabajo de potencia, queremos asegurarnos de que la intensidad sea realmente alta, la carga bastante elevada y el volumen bajo”.
Esto puede incluir saltos explosivos, lanzamientos o ejercicios de resistencia rápidos y con pocas repeticiones. Lo importante es mantener la velocidad y la calidad del movimiento, en lugar de esforzarte por completar repeticiones cada vez más lentas utilizando cargas máximas.
Combina las tres capas y tendrás una estructura sencilla: desarrolla suficiente capacidad aeróbica para seguir adelante, suficiente fuerza para facilitar las tareas físicas y suficiente capacidad de alta intensidad para aumentar el ritmo cuando sea necesario.
Puede que no necesites estar preparado para cumplir con las exigencias de los Royal Marines. Pero ser más difícil de fatigar, más fuerte y más explosivo tampoco es un mal premio de consolación.
Vía Men’s Health UK
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