¿Hay plástico en mi pene?
¿O en el aire que respiro? ¿O en la hamburguesa que me acabo de comer? Nuestro colaborador se propuso hallar esas pequeñas partículas que podrían estarle causando problemas a todos los habitantes de este planeta.
Yo solo quería saber si había plástico en mi entrepierna o no.
Había leído un estudio, publicado en junio de 2024 por un equipo de la University of Miami, que encontró, por primera vez, microplásticos dentro del tejido del pene de los participantes. Seis hombres con disfunción eréctil habían llegado al hospital para que les implantaran prostéticos inflables y dieron su consentimiento para que los investigadores examinaran el tejido removido como parte del proceso. Si este contenía partículas de plástico, eso podría explicar por qué estaban experimentando disfunción.

Sin duda, has escuchado sobre los microplásticos. Son pequeñas partículas, técnicamente de unos 5 mm, aunque pueden ser mucho menores, tanto así que pueden requerirse microscopios especializados para verlas. Y se encuentran en todas partes, tanto dentro como fuera de nuestros cuerpos. Este es un tema muy discutido en TikTok e Instagram por influencers y oportunistas. Desde que comencé a investigar al respecto, he sido bombardeado con anuncios de pruebas para detectarlos, así como servicios que prometen retirarlos de tu sangre o productos que limitan tu exposición. Estoy inundado de contenido al respecto y seguramente tú también. Se dice que no bebas agua contenida en botellas de plástico y que no metas contenedores al microondas. Lo entiendo. La presencia de plástico no puede ser buena para nuestro cuerpo. Se le ha relacionado con todo, desde la demencia y problemas cardiacos hasta nacimientos prematuros y padecimientos intestinales. Se ha hablado también de infertilidad y, por supuesto, disfunción eréctil.
El día de hoy, los microplásticos están en todas partes. Se les ha encontrado en la cumbre del Everest y en la fosa de las Marianas, el punto más profundo del océano Pacífico. Están en el aire y en la tierra. Están en lo que comemos y en nuestro interior.

Cuando analizaron los tejidos de los pacientes en Miami, los investigadores encontraron que cinco de los seis tenían microplásticos en el pene. Eso es más del 80%. No suena halagador, pero eso tampoco dice nada sobre si en verdad están causando problemas o no. Ese no era el propósito del estudio, como me dijo uno de los autores. También mencionó que si en verdad estaba interesado en comprender lo que estaba sucediendo, debía contactar a otro equipo, en Nuevo México. Por supuesto que lo estaba. Es así como terminé hablando con Matt Campen, toxicólogo de la University of New Mexico. Ha estado estudiando los microplásticos por años y siempre que ha revisado en un sitio nuevo, los ha encontrado. En 2023, estaba analizado testículos en busca de evidencias del impacto de los microplásticos en el cuerpo. Al mismo tiempo que el Dr. Campen trabajaba en esto, John M. Masterson era residente de urología en el hospital Cedars-Sinai de Los Ángeles. Él pensaba que la caída en los conteos de esperma respecto a los niveles de los años 70 quizá estaba siendo exagerada, pero ambos se dieron cuenta de que había que investigar el rol que juegan los microplásticos en esto. Presentaron los resultados de sus investigaciones el mismo mes: mayo de 2024. El estudio del Dr. Masterson encontró una partícula en total en cinco muestras de testículos; ninguna en tejidos de pene. El Dr. Campen halló 12 tipos de plástico y ninguno de los 23 testículos que analizó estaba libre. Usaron diferentes metodologías. El Dr. Masterson empleó un microscopio para tener confirmación visual y otras herramientas para analizar la composición. El Dr. Campen “digirió” las muestras en una solución que elimina el tejido humano. La diferencia entre sus resultados era demasiado grande, de manera que empecé a sospechar que mi pregunta de si había plástico en mi cuerpo o no sería más difícil de responder de lo que pensaba inicialmente.

Intrusos diminutos
Lo primero fue la baquelita, el primer plástico completamente sintético. Fue creado en Nueva York en 1907, pero no fue el único por mucho tiempo. Para cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, ya se producían de forma comercial el polietileno, poliestireno, polivinilcloruro, plexiglás y nylon. Solo tomó unos años, hasta 1962, para que hubiera tanto carbón en el planeta a manera de plástico como en forma humana (los científicos predicen que la cantidad de carbono plástico alcanzará a la del carbono del océano en 2035). Y en los años 70, los científicos comenzaron a darse cuenta de que los microplásticos están presentes en sitios donde no deberían estar. La palabra “microplástico” se acuñó en un estudio de 2004 sobre el agua de los océanos. En 2018, los científicos confirmaron que las personas estaban ingiriéndolos y un problema ambiental se convirtió en un problema de salud. “Cuando aparecieron los primeros reportes sobre los microplásticos hace 20 años, pensé ‘esto no es una sorpresa’”, dice el Dr. Campen. “Y no parecía tan importante porque los plásticos son inertes, a comparación de una partícula de diesel, por ejemplo”. Pero, como indica, la dosis es lo que hace el veneno. Y estamos produciendo tanto plástico que constantemente incrementan los niveles a los que estamos expuestos.

Aunque sean inertes, con la cantidad suficiente, pueden interrumpir ciertos procesos corporales, de ahí la preocupación por la disfunción eréctil. Quizá provocan una reacción inmune y causan inflamación. Al Dr. Campen le preocupan específicamente los nanoplásticos, una subcategoría de los microplásticos que tienen una micra de longitud, eso es menos que una centésima del ancho de una hoja de papel, algo similar a un virus, suficientemente pequeño para potencialmente ingresar a las células y cruzar las barreras del cuerpo, incluida aquella que protege al esperma. El problema con estudiarlos es que resulta muy complicado. No es como comparar a fumadores con aquellos que no lo son.
Tracey Woodruff es una persona que ha pensado mucho sobre esto. Como directora del programa de salud reproductiva de la University of California San Francisco, formó parte del grupo que escribió un reporte sobre el tema que se presentó en la legislatura estatal de California en 2022. Una parte de este reporte era una reseña de los estudios enfocados en las consecuencias de la presencia de microplásticos para el sistema digestivo, el respiratorio y el reproductivo. En ese momento no había investigaciones en humanos todavía, solo animales. El año pasado, la profesora Woodruff hizo una actualización al reporte y encontró tres estudios relevantes en sujetos humanos. En cuanto a aquellos en animales, incluidos en el reporte de 2022, los científicos hallaron suficientes evidencias para decir que sospechaban que los microplásticos impactaban negativamente al colon, el intestino delgado y las células del sistema gastrointestinal, además de que afectaban a la inmunidad y la inflamación. Sus efectos podían verse también en el sistema reproductivo. En cuanto a los estudios en humanos, los descubrimientos son atemorizantes. El Dr. Campen encontró que el cerebro promedio contiene tanto plástico como el que compone a una cuchara desechable. Halló una correlación entre los nacimientos prematuros y el contenido de plástico en la placenta, así como entre la demencia y el plástico en el cerebro. Otra investigación destacada de 2024 encontró que las personas con microplásticos en la placa arterial tenían un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.

El volumen de partículas podría ser solo una parte del problema. Los plásticos suelen estar acompañados de otras cosas, tales como plastificantes, los cuales se añaden a los polímeros para hacerlos más flexibles. No está claro cuánto de esos químicos se queda añadido a los plásticos conforme se descomponen en pedazos cada vez más pequeños, pero lo que es un hecho es que no son buenos para nosotros. Los ftalatos son un tipo de compuesto especialmente nocivo.
Una nueva esperanza
Ashutosh Agarwal, un bioingeniero de la University of Miami ve tres opciones para establecer cuáles son los problemas de salud que podrían estar causando los microplásticos. Uno: hacer estudios directamente en humanos. Dos: usar animales, lo cual también tiene consideraciones éticas, “El problema es que un ratón no es exactamente lo mismo que una persona”, dice. Lo cual deja una tercera opción. “Lo que mi laboratorio hace es lo que llamamos órganos humanos en chips”, explica. “Tenemos páncreas, hígados y retinas creciendo en el laboratorio. También tenemos órganos sexuales masculinos”.

Hace dos años, algunos de los colegas del profesor Agarwal le pidieron ayuda. Habían recolectado tejidos de pacientes con disfunción eréctil y querían ver si podía analizarlos en busca de microplásticos. Sí, eso se refiere al primer estudio que vi al respecto y como coautor del mismo, el profesor Agarwal hoy está intentando comprender mejor las conexiones entre los microplásticos y la disfunción. Para esto está empleando la opción número tres. Lo que hacen los investigadores es hacer pequeños hoyos y ranuras en chips que parecen láminas de cristal para microscopio. Luego, cultivan células de la parte relevante del cuerpo que quieren estudiar y las colocan ahí. Las ranuras funcionan como conductos que replican el sistema vascular del órgano en cuestión. Esto se conecta a una serie de tubos con bombas y sensores. Mediante una computadora, los investigadores pueden enviar fluidos para replicar lo que ocurre en el cuerpo. Esto les permite analizar los efectos de enviar microplásticos por este sistema. Una de las ventajas es que tienen control total de lo que ocurre, algo que no tendrían en un sitio tan complejo como el cuerpo real.

En este momento, el profesor Agarwal está en la primera fase de sus experimentos, pero esta forma de analizar la cuestión tiene potencial. También revela otro obstáculo para el estudio de los microplásticos. En el laboratorio del profesor Agarwal noté que los sensores y bombas son de plástico precisamente. Aunque muchos otros científicos con los que hablé tienen una perspectiva fatalista, el profesor Agarwal tiene el optimismo de un ingeniero. Él cree que con el tiempo habrá soluciones. Pero, ¿tenemos tiempo? Después de todo, la producción de plásticos no se detiene ni un momento. El estudio del Dr. Campen en cerebros los analizó en dos momentos: 2016 y 2024. Los del 2024 tenían 50% más plástico en el interior que los del 2016, sin considerar la edad y otros factores. ¿A qué se debe esto? A que había mucho más plástico allá afuera en 2024 que en 2016. Esa es la mala noticia, pero hay una buena. “Los estudios muestran que si reduces tus fuentes de exposición, puedes bajar los niveles”. Todos aquellos con los que hablé estuvieron de acuerdo en que el problema es tan grande que no puede resolverse de forma individual, se necesita algo a escala social, como cuando en los años 70 la contaminación se volvió un problema tan grande que el presidente Richard Nixon creó la Environmental Protection Agency en EEUU. Si eso es cierto, ¿tiene alguna importancia lo que hagas en el día a día para reducir tu riesgo? Le pregunté a varias personas enfocadas en el tema si habían hecho cambios en sus propias vidas. Muchos de ellos dijeron que no habían cambiado nada.

La profesora Woodruff evita los alimentos ultraprocesados, los cuales se ha revelado que contienen más plásticos que los procesados. Su licuadora es de vidrio y también prefiere las prendas de algodón a las sintéticas. El Dr. Campen sigue usando mucho plástico, pero intenta asegurarse de que este no sea desechable, con lo cual “reduce su huella”. La idea es que si tira menos cosas, no tendrán que producirse nuevas en la misma cantidad.

Al mismo tiempo, todos dijeron que aunque vale la pena hacer cambios, no hay necesidad de entrar en pánico. Nuestros cuerpos son muy resilientes. Los datos sugieren que los órganos tienen la capacidad de deshacerse de los microplásticos hasta cierto punto.

Un tema complejo que aún no está resuelto
Algo que aprendí al trabajar en este artículo es que se trata de un panorama complejo y en una época en la que queremos respuestas inmediatas, a veces hay que esperar para poder obtener información realmente útil. ¿Hay plástico en mi pene? La realidad es que no lo sé, y en este punto la ciencia tampoco puede decírmelo con certeza. Lo que sí hay son algunos consejos que podrían o no hacer una diferencia en caso de que lo haya. El punto de todo esto, creo, es entender que no tiene sentido asustarse, pero vale la pena reflexionar sobre lo que hacemos como sociedad y el impacto que esto podría estar teniendo en nosotros mismos y en los que vienen después.
¿Ya te suscribiste al Newsletter de Men’s Health México y Latinoamérica?
Haz click aquí y recibe las mejores rutinas, consejos para bajar de peso, recomendaciones de salud y todo el contenido que necesitas para ser la mejor versión de ti.
Síguenos en nuestras redes sociales: Instagram, Facebook, X (Twitter) y Threads