¿Qué nos mata?
Los hombres tenemos menos esperanza de vida que las mujeres, aproximadamente seis años de diferencia. ¿A qué se debe y qué podemos hacer para retrasar el final?
Sabía que algo no iba bien. En 2003, Adam Alderson, un agricultor de 24 años que vivía en un pueblecito de North Yorkshire (Reino Unido), comenzó a notar un leve dolor intestinal. “Al principio no me dolía mucho, pero sabía que había un problema”. “Venía a rachas y la mayor parte del tiempo me sentía bien. Luego, comenzó a ser más frecuente”, nos cuenta. Después de varias semanas con esta leve molestia, Adam decidió consultar a su médico de cabecera, quien le informó que probablemente padecía síndrome del intestino irritable (SII). Le recetó un suplemento de fibra y lo mandó a casa. La molestia continuaba, pero ¿qué podía hacer? Adam era un joven activo y en forma. Tenía cosas más importantes por las que preocuparse que por un episodio ocasional de diarrea. Cuando, 10 años después, le diagnosticaron un tipo de cáncer agresivo llamado “pseudomixoma peritoneal” (PMP), Adam supo que necesitaba ayuda urgentemente. “Los hombres estamos condicionados para no hablar mucho sobre nuestra salud, especialmente si es algo que nos tiene preocupados”, confiesa. “Escondemos la cabeza bajo tierra y esperamos a que la enfermedad desaparezca por arte de magia. Pensamos que será cualquier cosa en vez de ser realistas”.
Sin embargo, esta vez Adam empezó a ver sangre en sus deposiciones. Su dolor intestinal había ido aumentando lentamente a lo largo de los años. Dos veces al día después de las comidas se tomaba diligentemente el laxante que le recetó el médico. También había probado tomar un medicamento para el síndrome del intestino irritable llamado Buscopan. Aún así, su problema seguía empeorando. “Iba al baño unas 20 veces al día y con mucho dolor”, cuenta. “La situación empeoraba por momentos”. Adam tenía 34 años, estaba perdiendo fuerza y tenía el abdomen distendido. Durante un tiempo se había convencido a sí mismo de que su vientre, cada vez más inflamado, era un signo de su “buena vida”. Se había mudado con su pareja a Australia y estaba disfrutando de la vida costera bebiendo cervezas bajo el sol y preparando carne asada en la playa. “Teníamos una buena vida, muy buena”, afirma. Todo llegó a su fin cuando le diagnosticaron cáncer en la Nochebuena de 2013.
Brecha de género
En lo referente a la mortalidad también existe la llamada “brecha de género”, pero en este caso se invierten los papeles, y juega en contra de los varones. Los hombres vivimos en promedio casi seis años menos que las mujeres, ya que la esperanza de vida masculina es de 80.3 años, y la femenina de 86.1. Aunque al mirar las cifras globales de muertes no parece haber tanta diferencia, sí la hay al mirar las causas. Las muertes de varones por causas externas (accidentes, suicidios, homicidios…) es de un 49.9% entre los varones, frente a un 28.2% del total de defunciones entre las mujeres. Respecto al cáncer, aunque la brecha se va haciendo menor con los años, “El riesgo de morir por cáncer es el doble en el varón que en la mujer, lo que se hace evidente en melanoma, pulmón, laringe, esófago y vejiga”, explica el oncólogo Óscar José Juan Vidal, del Hospital La Fe. Desde el nacimiento hasta los 80 años, el riesgo de desarrollar cáncer es de un 40.2% en los hombres frente al 28% en las mujeres. A los 85 años, es del 47.8% en los hombres y de un 32.7% en las mujeres”. Respecto a las enfermedades cardiacas la ecuación se ha invertido. En 2004, la tasa de incidencia era mayor en hombres que en mujeres (192 casos por 100 mil habitantes en los primeros, y 33 casos por 100 mil habitantes en las segundas). Pero actualmente, la mortalidad es del 49% en mujeres, mientras que en hombres es del 40%. Las enfermedades del sistema circulatorio son la primera causa de mortalidad femenina (264.7 muertes por cada 100 mil), lo que representa el 30.1% de las muertes entre ellas, y la segunda causa de muerte entre los varones (241.1), con un 25.6% de las muertes entre ellos. En total, según un informe de la Organización Mundial de la Salud, de las 40 principales causas de muerte que se producen en el mundo a nivel global, 33 afectan más a los hombres. Y son, en este orden, enfermedad isquémica del corazón; accidente de tráfico; cáncer de pulmón, tráquea o bronquios; enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC); ictus; cirrosis hepática; tuberculosis; cáncer de próstata; violencia interpersonal; cáncer de hígado; cáncer de estómago; infecciones respiratorias; suicidio; cáncer de esófago; VIH/sida; enfermedades renales; cáncer de boca y orofaringe; ahogo; caídas; cáncer colorrectal; complicaciones del parto prematuro; asfixia y trauma de nacimiento; miocardiopatía o endocarditis; leucemia; linfomas y mieloma; cáncer de páncreas; diabetes; asma; meningitis; sepsis e infecciones neonatales; desnutrición; enfermedades diarreicas y enfermedad cardiaca hipertensiva. Pero ¿por qué los hombres mueren antes que las mujeres?

Social y biológico
En gran parte, esta brecha de género relativa a la mortalidad se debe esencialmente a una cuestión de estilo de vida. “Este aumento de riesgo se debe fundamentalmente a la exposición a factores de riesgo como son el tabaco, el alcohol y la exposición a tóxicos en el entorno laboral, que es mayor en los hombres. Vale la pena destacar que en las últimas décadas se ha producido un descenso del hábito de fumar en los hombres, pero, por el contrario, ha aumentado en las mujeres, aunque, pese ello, su consumo sigue siendo superior en los hombres. En 2022, había un 20.2% de fumadores activos entre los hombres, mientras que era del 13.9% en las mujeres. Este aumento del consumo de tabaco entre ellas se ha traducido en un incremento de la incidencia del cáncer de pulmón en el sexo femenino en los últimos años”, explica Óscar José Juan Vidal. Los hombres fumaban más, bebían más alcohol, se drogaban más y afrontaban más prácticas de riesgo que las mujeres en su vida diaria. Pero pese a los cambios sociales, esa diferencia solo ha disminuido un poco. Y es que también parecen existir algunas causas biológicas. Por ejemplo, en el caso del cáncer y de otras enfermedades, un estudio publicado en Science en 2022, reveló que la pérdida del cromosoma Y masculino podría estar relacionada. Los hombres tienen un cromosoma X y uno Y, mientras que las mujeres tienen dos cromosomas X, pero algunos hombres pierden el cromosoma Y a lo largo de la vida (se calcula que un 20% de los varones de 60 años, y hasta un 40% a partir de los 70). En el estudio, los investigadores observaron que cuando las células perdían el cromosoma Y, perdían también los linfocitos T, encargados de luchar contra los tumores. Eso provocaba que produjeran metástasis y (lo más grave aún) que los síntomas del cáncer pasaran inadvertidos hasta que ya estaba en fase avanzada. La pérdida del cromosoma Y conlleva también un mayor riesgo de ciertas afecciones cardiacas y de otras enfermedades como el Alzheimer. La buena noticia es que, cuando en el mismo experimento se reinsertó dicho cromosoma gracias a la técnica CRISPR de edición genética, esos riesgos disminuyeron, lo que abre la puerta al desarrollo de futuras terapias. Aparte de factores biológicos, hay también un importante problema social: los hombres parecen estar menos comprometidos con la salud y con la prevención de las enfermedades. Las mujeres, por su parte, suelen acudir con relativa frecuencia a la atención primaria, especialmente por la salud reproductiva. También se les anima, con razón, a someterse a pruebas de detección de cáncer de mama y de cuello uterino. La citología, en la que se inserta una herramienta en forma de tubo llamada “espéculo” en la vagina de la mujer, está totalmente normalizada en la salud femenina. Según una encuesta, más del 75% de las mujeres se habían hecho esta prueba al menos una vez en la vida. Pero en los hombres las cifras no son tan alentadoras. Un 60% de los hombres no se someten a las pruebas de cribado para el cáncer de próstata (uno de los que tienen mayor tasa de supervivencia en caso de detección temprana) por miedo a tener que someterse a un tacto rectal. Sí, así como suena. Y según otro estudio realizado en 2022 por la Fundación para la Investigación del Grupo Urológico, solo cuatro de cada 10 hombres mayores de 45 años (que es cuando se aconseja que comiencen las revisiones) acuden anualmente al urólogo. En el caso del cáncer de próstata, que es el más frecuente en hombres, es cierto que a los varones le cuesta más ir al médico para realizarse las pruebas de cribado, que suele consistir en un análisis de sangre y un tacto rectal. En general, los hombres son muy reticentes a realizarse el tacto rectal. Con la incorporación de nuevas técnicas para el diagnóstico del cáncer de próstata como la resonancia magnética multiparamétrica, se espera que mejore el número de diagnósticos precoces de cáncer de próstata”.

Ahora o nunca
A principios de 2014, Adam Alderson se despertó en la cama de un hospital con el sonido de una radio en algún lugar de la habitación. Desde que le diagnosticaron PMP el anterior mes de diciembre, había dejado atrás su trabajo, su hogar y a sus amigos de Australia y volvió a Reino Unido para recibir tratamiento en un centro especializado en atención oncológica en Manchester. Le indicaron que su operación de urgencia, considerada su última esperanza, duraría aproximadamente 13 horas. Pero al escuchar la radio, supuso que llevaba inconsciente tres horas como máximo. Un médico se acercó hacia él y le explicó su situación. “Lo siento mucho, Adam”, le dijo. “Cuando abrimos, el cáncer estaba mucho más extendido de lo que habíamos previsto. Estaba en todas partes”. Se había abortado el procedimiento. Pusieron a Adam en cuidados paliativos y le informaron de que le quedaban dos años de vida. Aún así, se negó a aceptar su muerte, al menos tan prematura y de esa manera. Empezó a buscar en Google y aprendió todo lo que pudo sobre su enfermedad. Contactó con especialistas de otros hospitales y descubrió un grupo de apoyo online para pacientes y supervivientes de PMP. “Este tipo de comunidades son muy importantes”, asegura Adam. “No hay mejor persona con la que hablar que alguien que ha pasado por lo mismo que tú”. Las conversaciones con otros enfermos de cáncer le ayudaron a normalizar su enfermedad y renovar sus fuerzas. Gracias a estos canales, Adam se enteró de un abordaje radical que se había probado previamente con Steve Prescott, un jugador de la liga de rugby que también había sido diagnosticado con PMP. Prescott se había presentado de forma voluntaria para una cirugía compleja en la que se trasplantan varios órganos al mismo tiempo. Aunque en un principio la operación se consideró un éxito, murió por complicaciones derivadas tres semanas después. Adam sabía que se trataba de una intervención de alto riesgo, pero se propuso someterse al mismo tipo de cirugía. Cuando sus médicos en Mánchester lo intentaron disuadir, buscó por su cuenta a Brendan Moran, un especialista, para que le diera una segunda opinión. Para su alivio, Moran pensaba que la cirugía podría funcionar y puso en marcha un plan de acción. Una noche de julio de 2015, la llamada de Moran despertó a Adam. Habían encontrado órganos de donantes compatibles. Era el momento. Se dirigió hacia el hospital. Lo llevaron al quirófano. Durante las siguientes 18 horas, 30 médicos y enfermeros trabajaron en su cuerpo. Le extirparon un tumor de 10 kg, además de su estómago, su intestino, su vesícula, su páncreas, su apéndice, su bazo, su pared abdominal y gran parte de su hígado, y reemplazaron lo que era necesario con los órganos que habían donado. Contra todo pronóstico, la operación fue un éxito. Lo que le pasó a Adam también te podría pasar a ti. “Todos pensamos que vamos a estar aquí para siempre y que nada va a ir mal, hasta que pasa algo”, señala. “Como hombres, debemos dejar de ser apáticos sobre la salud. ¿Es una situación emocionalmente dolorosa ir al médico y decir, por ejemplo, que ‘tengo un problema en el testículo’? Puede que no nos guste la idea de que un médico ponga su dedo en el recto o que manosee nuestros testículos. Entiendo que lo quisiéramos evitar. Como alguien que ha perdido cada parte de su dignidad a lo largo de su recorrido, créeme: es mucho más fácil llevar tu salud al día antes de que las cosas lleguen al punto al que llegaron para mí.”. Ahora Adam va al gimnasio tres veces a la semana. Ha dejado de ser agricultor para trabajar como asesor del paciente en una organización de investigación llamada Oxford Transplant Foundation, mientras comparte su historia en distintos eventos. Comprometerse totalmente con su salud le salvó la vida, pero apenas. Ahora su misión es sensibilizar sobre el cáncer y colaborar con médicos para descubrir nuevas formas de ayudar a los demás. La médico de cabecera Kamila Hawthorne afirma que no existe una causa única que explique la disparidad en la esperanza de vida entre hombres y mujeres. Puede ser a causa de varios factores, desde diferencias biológicas hasta “ingresos, educación y alimentación. Ante esta incertidumbre, debemos emprender hábitos positivos para vivir de una manera saludable”, sugiere. Esto implica que nos comprometamos conscientemente con nuestra salud, y aceptar que un día fallará. No somos inmunes ni invulnerables. “Solo tenemos un cuerpo, una oportunidad”, sentencia Adam. “Y de repente puede ser demasiado tarde”.

Datos adicionales
33
de las 40 principales causas de muerte en el mundo afectan más al género masculino que al femenino.
12%
es el riesgo superior de los hombres de tener cáncer antes de los 80 años.
20%
es el dato de hombres que mueren prematuramente por causas cardiovasculares.

60%
de los hombres no se realizan una prueba preventiva del cáncer de próstata por miedo a someterse a un tacto rectal.

Vía Men’s Health
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