La polémica sobre el flúor
Te explicamos todo lo que hay que saber sobre este controvertido mineral presente en tu pasta de dientes.
Si hubieras vivido en Grand Rapids (Michigan), en 1945, habrías sido una de las primeras personas en el mundo en beber agua del grifo fluorada. Desde 2024, alrededor del 73% de EEUU recibe este mineral en el suministro de agua. Y durante casi 80 años, ha habido una polémica incesante en torno a esa práctica. En 1956, Clive McCay, investigador de la Universidad de Cornell (Nueva York), escribió que la fluoración del agua “es considerada una panacea por una parte y un veneno por otra”. Y así es. El año pasado, mensajes en TikTok calificaban el mineral de “tóxico”. Y en X, el actual secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., lo calificó de “residuo industrial” asociado a numerosas enfermedades. Pero los dentistas y muchos defensores de la salud pública dicen que es muy importante para la salud.
La fluoración del agua se practica a día de hoy en unos 60 países y las controversias no siempre han girado en torno a la preocupación por los dientes y el cuerpo. Hay quien se opone a que el gobierno ponga cualquier cosa en el agua. “Hay algo en el agua y en su necesidad para nuestras vidas que hace que la gente sea especialmente precavida con su suministro”, explica Catherine Carstairs, doctora y profesora de la Universidad de Guelph (Ontario, Canadá), que ha investigado la historia del flúor. “Además, hay preocupación por que no sea natural poner flúor en el agua, aunque, irónicamente, los beneficios del flúor se descubrieron porque está de forma natural en muchos suministros de agua”. Entonces, ¿qué es exactamente y qué tiene que ver con nuestra salud?
Qué es el flúor
A principios del siglo XX se descubrió que este mineral previene la caries (un dentista de Colorado vio que las personas cuya agua tenía de forma natural altos niveles de flúor también tenían unos dientes muy resistentes a las caries). ¿Por qué funciona? La capa protectora externa del esmalte dental está hecha de hidroxiapatita. Esta empieza a romperse cuando entra en contacto con el azúcar que comes y las bacterias de la placa que convierten el azúcar en ácido. Y eso provoca caries. El flúor ayuda a remineralizar el diente. “Forma lo que los dentistas llaman ‘hidroxiapatita fluorada’. Es mucho más resistente al ácido”, dice Howard Pollick, BDS, antiguo portavoz de fluoración de la American Dental Association. El flúor es la única sustancia que ha demostrado este efecto. Este mineral también se encuentra en trazas en muchos alimentos (avena, papas) y en la pasta de dientes y el enjuague bucal fluorados.
Qué hace por tus dientes
En EEUU, los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) califican el agua fluorada como “uno de los mayores logros de salud pública del siglo XX”. La caries es un problema mayor de lo que se cree. En 1941, explica Carstairs, los hombres debían tener seis dientes opuestos para alistarse en las fuerzas armadas norteamericanas. Casi el 10% de los reclutas no los tenían, por lo que la dentadura era el principal motivo de rechazo. Si a eso le añadimos la escasez de dentistas, una solución a gran escala empezó a parecer atractiva. “El agua fluorada no solo reduce las caries en un 25% en niños y adultos, sino que también ha contribuido a disminuir el dolor, las molestias y las faltas al colegio o al trabajo”, explica Anthony J. Santella, DrPH, MPH, profesor de Salud Pública de la Universidad de Fairfield (Connecticut, EEUU).
“Además, la ciencia es clara: una mala salud bucodental está relacionada con una mala salud general, sobre todo con una mayor incidencia de diabetes, enfermedades cardiacas y complicaciones en el embarazo, por nombrar algunas”. También señala que la fluoración del agua es “rentable y promueve la equidad sanitaria”. La American Dental Association, la American Academy of Pediatrics y la American Public Health Association apoyan su uso. Pero a nivel global, la OMS recomienda que su adición se limite a 0.5-1 miligramos por litro de agua.

Y por el resto del cuerpo
Como el flúor puede estimular el crecimiento de hueso nuevo, los investigadores han estudiado si ayuda a reducir el riesgo de fracturas óseas, pero no hay conclusiones definitivas. Los CDC afirman que los estudios publicados no han probado que la fluoración del agua esté relacionada con un mayor riesgo de cáncer, síndrome de Down, cardiopatías, osteoporosis, fracturas óseas, trastornos inmunitarios, baja inteligencia, trastornos renales, enfermedad de Alzheimer o reacciones alérgicas. Una monografía del Programa Nacional de Toxicología de 2024 profundizaba en la investigación sobre el flúor y el cerebro. No cree que “la exposición al flúor esté asociada a efectos adversos en la cognición adulta”. Pero muestra una “confianza moderada” en los hallazgos de que una mayor exposición al flúor “se asocia sistemáticamente con un menor coeficiente intelectual en los niños”. En resumen: se necesita más investigación.
Las lagunas en la investigación suelen invitar a la especulación. El proceso científico, en el que las pruebas evolucionan y los resultados cambian, puede resultar confuso. Esto crea una oportunidad para fomentar la duda y la desconfianza en un campo en el que los resultados tardan en llegar. Es difícil esperar respuestas, pero tampoco ayuda inventárselas: “Determinar exactamente cuáles son las consecuencias de pequeñas cantidades de flúor en el agua es una pregunta científica muy difícil de responder”, dice Carstairs. Los expertos recomiendan una concentración óptima de flúor de 0.7 miligramos por litro de agua. Se necesitaría mucho más –alrededor de 5 miligramos de flúor por kilo para un hombre de 75 kilos, eso es 375 miligramos– para “causar toxicidad sistémica grave”, según estimaciones citadas por los National Institutes of Health de EEUU. “Los riesgos para la salud asociados a la fluoración del agua están relacionados con estudios con niveles de flúor muy superiores a los utilizados en la mayoría de los programas de salud pública”, explica Santella.
¿Y si dejas el flúor?
Los adultos con dientes sanos que dejan de usar dentífrico con flúor no suelen tener problemas, dice Kenneth Markowitz, profesor de la Rutgers School of Dental Medicine (New Jersey, EEUU). “Si no vives en una zona donde el agua esté fluorada, suele bastar con cepillarse los dientes con pasta fluorada”, dice Cheryline Pezzullo, del NYU College of Dentistry (Nueva York, EEUU). Resulta tentador pensar que los dentífricos que contienen hidroxiapatita –la materia de la que están hechos los dientes– podrían ser una buena alternativa sin flúor. Pero Markowitz dice que hay pocas pruebas que sugieran que puedan prevenir la caries. Si eres propenso a las caries, puedes usar un enjuague bucal con flúor. Según Markowitz, las personas con enfermedades de las encías o sequedad bucal causada por enfermedades o el uso de algunos medicamentos también pueden necesitar más flúor. Si decides utilizar pasta dentífrica sin flúor, tendrías que “restringir mucho el consumo de azúcar”, añade el doctor Pollick. Eso incluye limitar la cerveza, el vino, la fruta y los dulces. También es necesario cepillarse los dientes dos veces al día y visitar al dentista con regularidad.
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